Hay una diferencia importante entre planificar un viaje en coche o planificar el viaje en moto. Y los moteros lo sabemos.
En el primer caso, el del coche, suele primar la hora, el origen y el destino, y con ello se traza el camino más rápido, o el más barato.
En el segundo caso, el de la moto, para el mismo origen y destino, se prima el atractivo del trayecto, y hasta la hora se supedita a que el camino sea más disfrutón.
Porque sobre la moto no hay aire acondicionado, no hay música envolvente, y quien fuma ni siquiera puede fumar… todo es camino, todo es atención al entorno, anticipación ante la vía y ante los demás que la usan.
La protección es escasa, y eso nos hace estar alerta: atentos a los baches, a la gravilla, a la maniobra de los demás. Y con ello actuamos y cambiamos la marcha, la trazada, aceleramos, y usamos el freno con cautela. Pese al agobio e incomodidad que pueda parecerles a los ajenos a este mundillo, realmente lo disfrutamos.
Sea como fuere, la elección del camino entre dos puntos se muestra muy relevante. No es un mero tránsito entre donde estamos y donde queremos estar. Partiendo de nuestras expectativas, la elección del camino determina si el viaje en su conjunto resulta satisfactorio o, en el otro extremo, está al borde de la pesadilla.
Cuando últimamente me preguntan cómo debería ser el mapa de instalaciones de tratamiento de envases a nivel nacional, para cumplir los objetivos que nos marca el Reglamento Europeo PPWR, no puedo por menos que pensar en aquellos mapas mudos físicos o políticos que había en el colegio, en los que tenía que situar con acierto las cordilleras, los ríos y las ciudades. Me visualizo allí, pintando sobre el mapa, la ubicación más adecuada de las plantas que nos hacen falta.
Seguramente, como pasaba con las cordilleras en su momento, las plantas que pintásemos quienes llevamos un tiempo en este negociado, estarían bastante próximas a la realidad de lo que necesitamos a nivel nacional. Son, en definitiva, unas pocas decenas de plantas, con capacidad para tratar toda la recogida de envases a nivel nacional y separarla con calidad en un mayor número de fracciones, donde sean las máquinas las que estén en contacto con el residuo, y las personas dedicadas a comandar el proceso.
Pero no partimos de un mapa mudo en el que podamos empezar a construir sin más las plantas que hemos decidido que necesitamos. La realidad es que hoy en día ya tenemos una red nacional de hasta 96 plantas de tratamiento de envases, y es algo que hemos de tener muy presente cuando diseñemos nuestro próximo viaje.
Tampoco es de interés emplear energía en fustigarnos por la red que tenemos, aun cuando no sea la adecuada para las nuevas necesidades que nos llegan con el PPWR. Hay que saber de dónde venimos, que no es de otro lugar que el de acciones de valientes que en su momento dieron el paso de promover una planta donde había una necesidad de servicio, hasta copar el territorio. Bien es cierto que la tecnología ha evolucionado, y ese servicio, que en su momento había que darlo con, por decir, cuatro plantas, ahora puede darse con solo una que, con la tecnología adecuada, lo hará con mayor eficiencia.
Ni tampoco debemos resignarnos, ni quedarnos quietos. Sabedores de que lo que tenemos es inadecuado para lo que ahora nos exigen -difícilmente sería viable separar 10 o más fracciones de distintos materiales, formatos y tamaños en una planta que trate menos de 30.000 toneladas anuales- lo que no podemos es perpetuar el escenario actual, y hemos de transformarlo en lo que necesitamos.
Por tanto, sí, y sin demora, hemos de dibujar sobre el mapa mudo y definir las necesidades nacionales de infraestructuras para cumplir las obligaciones que nos atañen. Y hacerlo con eficiencia para preservar la competitividad nacional y los costes que, en definitiva, la industria y los consumidores, a la postre los ciudadanos, habrán de soportar.
Y una vez dibujado lo que necesitamos, habremos de planificar el viaje, trazar el camino entre el punto en el que estamos y el punto al que habremos de llegar. Y en ese camino habrá que tener en cuenta la situación de cada una de las plantas, de cada uno de los contratos. Habrá plantas, las más, que deberán cesar su actividad de selección de envases. Y eso pasará porque finalizará su vida útil, o porque reconvertirán su actividad para dar servicio a otros flujos de residuos con necesidad, que no son pocos, iniciando de nuevo el ciclo. Y a su vez, plantas existentes de envases, y seguramente otras que aún no existen, se dimensionarán para absorber mayores cantidades de envases.
Será un camino de convergencia, y será esencial que esté planificado con atención al entorno y con anticipación a la vía, desde el consenso y con implicación y voluntad de los actores implicados. Sabiendo cada implicado los pasos posteriores que habrá de dar, conociendo y aprovechando las oportunidades que se abren en este nuevo contexto.
Así pues, mudar de lo que tenemos a lo que necesitamos nos puede hacer intuir, a priori, que habrá algunas incomodidades por el camino. Sin embargo, bien planificado entre los que hemos de viajar (que somos todos), nos permitirá disfrutar, al igual que cuando se diseña un viaje en moto, no solo de cuando alcancemos el destino necesario, sino también del propio camino.
Desde Ecoembes, en tanto que uno más de los implicados, tenemos ideas para este viaje, y no solo como moteros de los que de vez en cuando nos hacemos una buena ruta.