17 de febrero, 2026
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Según un artículo realizado por Kunak, las partículas ultrafinas (PUF) se presentan como un contaminante invisible que pone a prueba los métodos tradicionales de monitorización de la calidad del aire y plantea nuevos retos para la gestión ambiental y la protección de la salud pública.

Las partículas ultrafinas (PUF), también conocidas como PM0,1, se han convertido en el contaminante invisible más preocupante para la calidad del aire. Con un diámetro inferior a 100 nanómetros, estas partículas no destacan por su peso, casi despreciable, sino por su concentración numérica y toxicidad, que les permite penetrar en el organismo y distribuirse por órganos vitales como el corazón, el hígado e incluso el cerebro.

Por qué las PUF son peligrosas

A diferencia de las PM2,5 o PM10, las partículas ultrafinas atraviesan barreras biológicas como el epitelio alveolar y pueden entrar en el torrente sanguíneo. Además, su gran superficie reactiva permite que se adhieran a metales pesados y compuestos orgánicos volátiles, potenciando su toxicidad y los efectos inflamatorios sistémicos. Su origen es variado: tráfico rodado, turbinas de aeronaves, fundiciones, refinerías y calefacciones domésticas, así como partículas secundarias formadas por reacciones químicas en la atmósfera.

Estas propiedades convierten a las PUF en un reto crítico para la salud pública y un factor que también influye en el cambio climático, al modificar la formación de nubes y alterar el albedo terrestre de manera local y regional.

El desafío de medir lo invisible

El monitorizar las PUF es mucho más complejo que medir partículas finas o gruesas, ya que carecen de masa significativa. Por ello, se requieren tecnologías avanzadas como:

  • Contadores de núcleos de condensación (CPC) para determinar la concentración numérica de partículas (PNC).

  • Espectrómetros de movilidad eléctrica (SMPS/EEPS) para clasificar partículas según tamaño y movilidad.

  • Sensores miniaturizados IoT, como los desarrollados por Kunak, que permiten una monitorización continua, distribuida y en tiempo real de las PUF en entornos urbanos, industriales y aeroportuarios.

Estas redes híbridas de medición superan las limitaciones de las estaciones fijas tradicionales y permiten identificar picos de contaminación localizados que antes pasaban desapercibidos.

Aplicaciones en entornos críticos

  • Ciudades: el tráfico rodado y las zonas de alta densidad de vehículos generan concentraciones masivas de PUF, afectando especialmente a escuelas, hospitales y residencias.

  • Aeropuertos: la combustión de queroseno produce partículas inferiores a 30 nm, con capacidad de dispersión a kilómetros de distancia.

  • Puertos y polígonos industriales: emisiones de fuelóleo, diésel y procesos metalúrgicos generan mezclas de alta toxicidad que requieren monitoreo preciso para proteger la población y cumplir normativa ambiental.

El marco regulatorio se adapta

La Directiva (UE) 2024/2881 sobre calidad del aire establece por primera vez un mandato europeo para la monitorización obligatoria de PUF, con la instalación de superestaciones de control que servirán como referencia para redes distribuidas de sensores. La densidad numérica (#/cm³) se convierte en la métrica clave, superando la antigua obsesión por la masa de partículas.

A nivel internacional, la EPA en Estados Unidos evalúa la inclusión de PM0,1 en sus estándares de salud, mientras que la OMS califica a las PUF como contaminante emergente de alta prioridad y promueve proyectos piloto de medición estandarizada global.

Hacia una monitorización continua y eficaz

La combinación de sensores IoT y plataformas de análisis de datos, como Kunak Cloud, permite no solo medir las PUF, sino trazar su origen, prever picos de concentración y generar alertas inteligentes, integrando esta información en planes de movilidad urbana sostenible y estudios epidemiológicos.

“La verdadera revolución en la calidad del aire no es solo medir con precisión, sino medir en todas partes”, señalan desde Kunak, destacando que la resolución espacial es crítica: la concentración de PUF puede variar radicalmente a solo 50 metros de una fuente emisora.

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