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Zoi Didili, Senior Public Affairs & Communications Advisor.
La Comisión Europea quiere que los materiales reciclados circulen con mayor facilidad por el mercado único. Su nuevo sistema digital de traslados de residuos llegó con la promesa de ponernos las cosas más fáciles. Sin embargo, cinco meses después de su puesta en marcha, la experiencia de los recicladores demuestra que simplificar la burocracia puede resultar sorprendentemente complicado. Y con una fase mucho más exigente a la vuelta de la esquina, Bruselas tendrá que enfrentarse a una verdad incómoda: aprobar una norma es una cosa; conseguir que funcione, otra muy distinta.
Los responsables políticos europeos le han cogido el gusto a hablar de los residuos como recursos. Todo un ascenso para unos materiales que, hasta hace no tanto, la legislación trataba básicamente como algo de lo que había que deshacerse. Ahora que el acceso a las materias primas cobra cada vez más importancia para la competitividad industrial, la geopolítica y la seguridad económica, recuperar los recursos que Europa ya tiene a su alcance se ha convertido en una cuestión de considerable importancia estratégica.
Cabría pensar, por tanto, que trasladar esos recursos de un país europeo a otro sería relativamente sencillo.
El problema es que el reciclaje no entiende de fronteras administrativas, por mucho que a la burocracia le gusten. La chatarra recuperada en Bélgica puede procesarse en Alemania antes de llegar a un fabricante en Italia. Las instalaciones capaces de tratar un determinado material no siempre están donde se genera, y la demanda industrial todavía se ajusta menos a los mapas administrativos. Por eso, para que la industria europea del reciclaje funcione de manera eficiente, los materiales también tienen que poder moverse por Europa con la misma eficiencia.
Aquí es donde se supone que DIWASS viene a poner orden. Introducido en mayo de 2026 en el marco del nuevo Reglamento sobre traslados de residuos, el Sistema Digital de Traslados de Residuos de la UE nació para sustituir el papeleo de siempre por procedimientos electrónicos más ágiles, transparentes y uniformes. Para los recicladores, acostumbrados a lidiar con distintas autoridades nacionales, requisitos documentales e interpretaciones administrativas, la idea era, sin duda, una buena noticia.
Cinco meses después, sin embargo, el paso del papel a la pantalla ha resultado bastante menos sencillo de lo previsto. Los documentos ahora son digitales. Los obstáculos, por lo visto, también han sabido adaptarse a los nuevos tiempos.
Desde mayo, las empresas que trasladan residuos sujetos al procedimiento de notificación y autorización previas están obligadas a utilizar DIWASS o los sistemas nacionales compatibles para realizar los trámites exigidos por la ley. En teoría, esto debería facilitar la obtención de las autorizaciones necesarias. El problema llega cuando alguno de esos pasos falla.
En varios Estados miembros, los recicladores han denunciado problemas de registro, errores técnicos y dificultades de comunicación entre las plataformas nacionales, a menudo agravados por retrasos de las autoridades competentes. Según una encuesta realizada en Alemania en septiembre, ni una sola de las empresas encuestadas había conseguido completar una notificación de principio a fin a través de DIWASS.
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