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Óscar Hernández Director general de ANARPLA (Asociación Nacional de Recicladores de Plástico).
Una colmena produce miel, pero también hace posible la cosecha de otros. Con el reciclado ocurre algo parecido: vendemos materias primas y, al mismo tiempo, recuperamos residuos, evitamos emisiones y sostenemos capacidad industrial. España lidera la tasa europea de reciclado de plásticos y dispone de margen para crecer. Aprovecharlo exige reconocer ese valor completo y actuar a tiempo para que las plantas y las nuevas tecnologías puedan responder al calendario de circularidad.
Durante la floración, los agricultores contratan apicultores para llevar sus colmenas y polinizar los cultivos. Remuneran un servicio del que depende su cosecha, aunque su resultado se recoja fuera de la explotación del apicultor.
Según el USDA, en 2024 la apicultura estadounidense obtuvo unos 400 millones de dólares por polinización y 361,5 millones por miel. Considerando ambas actividades, aproximadamente la mitad de los ingresos procede de cada una. El servicio tiene tanto valor como el producto.
La imagen ayuda a entender nuestra actividad. Cuando una empresa compra granza reciclada, compara precio, calidad y prestaciones. Pero la planta que la produce también recupera residuos, ahorra recursos y mantiene empleo y conocimiento industrial. La granza es nuestra miel y esos beneficios son nuestra polinización. Si el mercado solo reconoce el producto vendido, una parte del valor que generamos queda sin remunerar.
Una instalación que desaparece deja de prestar un servicio a toda la cadena. Recuperarla exige maquinaria, permisos, profesionales y años de experiencia. Europa necesita valorar esa red antes de perderla, manteniendo las exigencias de calidad, seguridad y eficiencia.
Según el informe The Circular Economy for Plastics de Plastics Europe, publicado en 2026 con datos de 2024, España ocupa la primera posición europea en tasa de reciclado del conjunto de residuos plásticos posconsumo, con un 43 %. Además, según Plastics Recyclers Europe, somos el segundo país europeo por capacidad instalada de reciclado, tan solo por detrás de Alemania con una población inferior que esta.
Estos resultados reflejan una mayor solidez industrial. El estudio anual del reciclado de plásticos que elaboramos en ANARPLA situó la dimensión del sector en 2024 en 166 empresas, cerca de 3.900 empleos directos y 1.280 millones de euros en ventas de materiales reciclados. La cifra de empleo corresponde exclusivamente a la actividad de reciclado, sin incluir recogida, transporte y clasificación. A esta base industrial se suman más de 400 millones de euros invertidos por las empresas en los últimos dos años.
El liderazgo, sin embargo, convive con capacidad infrautilizada. En 2025 disponíamos de 2,47 millones de toneladas anuales de capacidad, procesamos 1,67 millones de toneladas de residuos y obtuvimos 1,25 millones de toneladas de material reciclado. La diferencia entre capacidad y procesado superó las 807.000 toneladas, aproximadamente un tercio del potencial disponible.
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