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Alicia García-Franco, directora general de la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER).
El II Plan de Economía Circular supone un progreso en diseño, consumo y gestión de residuos, pero no termina de cerrar el círculo. Quedan en el tintero acciones concretas para establecer mercados sólidos para los materiales reciclados y una mayor financiación al sector recuperador. Sin estos elementos, hay un claro riesgo de freno estructural.
El reciente impulso del Gobierno a un cambio de modelo productivo con la aprobación del II Plan de Acción de Economía Circular (PAEC) 2024-2026 marca un nuevo capítulo en la transición ecológica española. Con una inversión cercana a los 1.885 millones de euros y un ambicioso paquete de 105 medidas, el plan pretende consolidar el cambio de modelo productivo hacia uno más sostenible, eficiente y alineado con los retos climáticos y ambientales. Sin embargo, como ocurre con muchas grandes estrategias, la distancia entre la ambición normativa y la efectividad real dependerá de cómo se concreten sus medidas. Y es precisamente en ese terreno donde la visión de la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER) resulta especialmente relevante.
Desde dentro del propio sistema de gobernanza —FER forma parte del Consejo de Economía Circular— el sector del reciclaje ha participado activamente en la elaboración del plan, aportando propuestas que reflejan el pulso real de la industria. Su valoración final combina reconocimiento y cautela: el PAEC avanza en la dirección correcta, pero aún deja vacíos importantes que podrían limitar su impacto.
Uno de los aspectos más positivos del plan es, sin duda, su enfoque integral. No se limita a la gestión de residuos, sino que aborda todo el ciclo de vida de los productos: desde el diseño hasta el consumo, pasando por la reutilización y el reciclaje. Este enfoque sistémico es clave para abandonar definitivamente el modelo lineal de “extraer, producir, consumir y tirar” que ha dominado la economía durante décadas.
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