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Las trece presas gestionadas por Canal de Isabel II han logrado amortiguar en casi un 50 % el caudal de los ríos durante el reciente episodio de crecidas en la Comunidad de Madrid, confirmando su papel clave en la regulación hidrológica y la prevención de inundaciones.
El pasado 10 de febrero se registró la octava mayor aportación diaria de la serie histórica, con un caudal medio cercano a 400 m³/s entrando en los embalses. Gracias a la gestión preventiva mediante desembalses controlados, ese volumen se redujo a 205 m³/s aguas abajo, prácticamente la mitad.
El presidente de la compañía pública, Carlos Novillo, ha destacado estos datos durante su visita a la presa de Presa de El Atazar, la mayor infraestructura hidráulica de la región y última de las cinco que regulan el río Lozoya. Actualmente, El Atazar libera agua por su desagüe intermedio a un ritmo de 50 m³/s.
Con los embalses por encima del 86 % de su capacidad total, diez de las trece presas están realizando desembalses controlados por motivos de seguridad hidrológica. Estas maniobras son habituales en invierno, cuando las lluvias y el deshielo incrementan el caudal de los ríos.
Para gestionar estos episodios, los embalses deben mantener durante todo el año un volumen libre —denominado volumen de resguardo— que permita absorber y laminar posibles avenidas con garantías. Las decisiones operativas se adoptan tras analizar datos de caudales, aforos, previsiones meteorológicas, series estadísticas e información procedente de los sistemas de auscultación y modelos predictivos. La apertura y cierre de válvulas y compuertas se realiza de forma presencial por personal técnico especializado.
La empresa comunica cada desembalse a la Confederación Hidrográfica del Tajo y a la Agencia de Seguridad y Emergencias Madrid 112, manteniendo coordinación continua para garantizar la seguridad y, en caso necesario, avisar a la población.
Las presas de Canal de Isabel II cumplen una doble función estratégica: asegurar el abastecimiento de agua a la región y regular los ríos para proteger a personas, bienes y ecosistemas ante aumentos bruscos de caudal.
Su explotación se realiza conforme al marco normativo vigente y a las Normas de Explotación, aprobadas por la Dirección General del Agua del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Estas normas establecen niveles de embalse y resguardo, protocolos de actuación ordinarios y extraordinarios, así como procedimientos de inspección, mantenimiento y auscultación, y se revisan obligatoriamente cada cinco años.
La seguridad de estas infraestructuras se basa en la prevención y el mantenimiento continuos. Los sistemas de auscultación instalados en las presas generan anualmente casi 400.000 datos sobre su comportamiento estructural. El 58 % de la información se obtiene mediante mediciones manuales y el 42 % a través de sistemas automáticos de telecontrol.
Solo la presa de El Atazar dispone de alrededor de 700 equipos de medida —entre péndulos, piezómetros, extensómetros y otros dispositivos— que aportan hasta 175.000 datos anuales, reforzando el control predictivo y la anticipación ante posibles incidencias.
Con esta combinación de planificación reglada, personal cualificado y tecnología avanzada, Canal de Isabel II consolida el papel de sus presas como infraestructuras críticas para la resiliencia hídrica y la protección frente a fenómenos extremos en la Comunidad de Madrid.
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