4 de noviembre, 2026
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"Entre bambalinas", interesantes y creativas columnas mensuales de Javier Lopez Domingo, gerente de Oficina Técnica de Ecoembes. Columnas de reflexión con historias cotidianas, abordando el sistema de reciclaje con gran cercanía y creatividad con ejemplos muy cercanos de nuestro día a día.  Una columna cercana, clara y llena de claves prácticas para entender mejor cómo reciclamos y por qué es importante. No te pierdas, ninguna entrega mensual de las columnas "Entre bambalinas" de Ecoembes.

La semana pasada me dolió el estómago. Supongo que no soy el único al que le pasa alguna vez. El estómago está ahí siempre, haciendo su labor discretamente, pero basta con que empiece a molestar para convertirse en protagonista, y que sean muchas las cosas que pasan a segundo plano: disfrutar de la comida, de la compañía, ser creativo en una reunión, la capacidad de concentración…

No recuerdo la última vez que me ocurrió, porque entre una vez y otra no soy consciente siquiera de tenerlo. Me ocurre que solo me acuerdo del estómago cuando me duele. Y quizá eso lo deba corregir.

Con los contratos de los servicios municipales de gestión de residuos pasa algo parecido. Cuando la recogida y el tratamiento de los residuos funcionan con normalidad, apenas se repara en los contratos que lo sustentan. Los contenedores están en la cantidad adecuada, ubicados donde se dijo, sin saturar, y los camiones van a recogerlos con las frecuencias pactadas para llevarlos a las instalaciones de tratamiento previamente determinadas.

Un remanso de paz. Como mi estómago hace dos semanas.

La cuestión es que los contratos de prestación de los servicios municipales son de larga duración. De varios años. Y en esos años, las necesidades cambian. Cambian las ciudades, los hábitos de consumo, la composición de los residuos, los requisitos legislativos. Nuevos barrios, movimientos de población entre zonas, migración de residuos entre fracciones, otras recogidas separadas, irrupción de modelos de recogida no municipales, nuevas fracciones a separar, criterios de mayor calidad, nuevos impuestos… una ensalada de circunstancias, que cualquiera de los que nos dedicamos a esto somos capaces de identificar.

Y es ahí cuando ese contrato que funcionaba suave y sin ruido, empieza a renquear.

Y entonces empiezan las molestias. Resulta que la dotación de contenedores ha de ser diferente, que varía la distribución de residuos entre contenedores, que las frecuencias de recogida ya no encajan con la generación. Y los responsables municipales que están ante el ciudadano dedican la mayor parte de su tiempo a gestionar incidencias, a dar explicaciones y a corregir los errores. El servicio sigue funcionando, porque no puede parar, pero la continuidad requiere cada día más esfuerzo.

A la hora de diseñar un contrato municipal de varios años, es y ha sido común fijar un canon anual revisable con una fórmula polinómica, y a partir de ahí tener una conocida factura mensual por la doceava parte del canon. Es evidente que se trata de una cantidad cierta, buena para hacer previsiones por ambas partes. La dificultad surge por tratar como cuasi-constante algo que por naturaleza es cambiante.

Aquí surge la reflexión de si fuera de interés pagar por los servicios que se necesitan prestar en cada momento y por la calidad con la que se prestan, en lugar de pagar por el despliegue de unos medios y un servicio preestablecido. Y sí, esto es posible estableciendo cuáles son los parámetros que determinan el servicio que nos interesa: las cantidades recogidas, las cantidades recuperadas, la calidad del material en cada fase y el nivel del servicio prestado. Con sus incentivos, y con sus penalizaciones.

No obstante, para poder establecer este tipo de contratación, es fundamental medir cada uno de los parámetros. Y para ello contamos con tecnología. Tecnología embarcada en los camiones que determina cuánto y cómo se recoge cada contenedor, que permite optimizar y rediseñar rutas existentes, dimensionar de forma diferente el despliegue de contenedores, predecir cómo va a evolucionar la recogida. Y todo ello con la premisa de mantener el nivel de servicio pretendido. Básculas conectadas que aglutinan información de lo recogido por vehículos, por zonas, por flujos. Y también de lo tratado, de los flujos expedidos. Tecnología dentro de las instalaciones de tratamiento que pueden determinar qué se está tratando, con qué calidad, con qué mermas, sobre qué parámetros hay que actuar para cambiar la producción hacia lo deseado, y qué parámetros hay que modificar para la eficiencia del propio proceso.

La tecnología es un gran aliado para medir, para obtener datos, y para transformar esos datos en información de utilidad que permitirá la toma de decisiones para hacer eficiente el proceso en cada momento. Se puede hacer, y cada día sabemos más de ello.

Así pues, es muy necesario un ejercicio de reflexión por parte de los servicios municipales de qué es lo que se necesita, y especialmente qué es lo que se puede necesitar, y cómo se ha de contratar para incentivar una prestación del servicio con calidad, no solo en la conocida situación actual, sino en contextos diferentes, algunos intuibles, y otros que sin duda sorprenderán.

Conjugando la necesidad del servicio que pueda ser necesario en cada momento, y las posibilidades que brinda la tecnología para medir y para eficientar, se podrán definir indicadores comprensibles, sistemas de verificación de estos y criterios de compensación de los servicios contratados. Será clave que los contratos describan sin ambigüedad el servicio esperado y las responsabilidades de las partes: la Administración mide y constata la prestación del servicio esperado, y el operador dispone de margen para organizar los recursos para prestar el servicio con la calidad demandada. Al fin y al cabo, son grandes profesionales, y si disponen de ese margen, podrán hacer eficiente el servicio para que sea el necesario. Una relación en la que ambos parten de información común.

En definitiva, y aunque ya no tengo molestias, es similar a lo que llevo haciendo desde la semana pasada cuando me dolió el estómago: prestar atención a mis hábitos de alimentación.

En la prestación de los servicios municipales hay igualmente que prevenir las molestias que vendrán de no haber tenido en cuenta la segura evolución de las circunstancias durante la vida del contrato. Pagar por servicios medibles, con parámetros claros y revisables, contribuirá a que el sistema se adapte y a que los equipos municipales dediquen menos tiempo a apagar fuegos y más a mejorar el servicio. La clave está en anticiparnos, y evitar acordarnos del servicio cuando empiece a doler.

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