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La variabilidad climática y el cambio climático a largo plazo están influyendo cada vez más en el rendimiento y la fiabilidad de los sistemas de energías renovables en todo el mundo, según el informe WMO–IRENA Climate-driven Global Renewable Energy Resources and Energy Demand Review: 2024 Year in Review, publicado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA).
El informe, publicado en colaboración con IRENA, pone de relieve que los fenómenos climáticos extremos están teniendo un impacto creciente sobre los sistemas de generación eléctrica limpia, y que la variabilidad climática ya está condicionando tanto la oferta de energías renovables como la demanda eléctrica a escala global.
El análisis, en su tercera edición, concluye que 2024 —el año más cálido registrado, con temperaturas globales alrededor de 1,55 °C por encima de los niveles preindustriales— provocó cambios regionales significativos en el potencial solar, eólico e hidroeléctrico, así como un aumento del 4 % en la demanda energética global impulsada por el clima respecto a la media del periodo 1991–2020. Estos cambios se producen en un contexto en el que la capacidad renovable mundial superó los 4.400 gigavatios (GW), intensificando la interacción entre clima y sistemas energéticos a una escala sin precedentes.
Los resultados subrayan la urgencia de integrar la inteligencia climática en la planificación energética, especialmente mientras los países trabajan para cumplir el Consenso de la COP28 de los EAU, que insta a triplicar la capacidad de energías renovables y duplicar la eficiencia energética de aquí a 2030.
“La variabilidad climática ya no es un factor secundario para el sector energético”, afirmó Celeste Saulo, secretaria general de la OMM. “Es un elemento operativo determinante”, ya que, a medida que se expanden los sistemas renovables, su rendimiento se ve cada vez más condicionado por las olas de calor, la variabilidad de las precipitaciones y los cambios en los patrones atmosféricos.
Los extremos climáticos están amplificando la presión sobre los sistemas energéticos, según el análisis basado en cuatro indicadores clave: factores de capacidad eólica y solar, un indicador hidroeléctrico basado en precipitaciones y un indicador de demanda energética derivado de la temperatura. Las condiciones residuales de El Niño, el récord de calor oceánico y el calentamiento a largo plazo generaron contrastes regionales muy marcados en 2024.
En África austral, los factores de capacidad eólica aumentaron entre un +8 % y un +16 % y la solar entre un +2 % y un +6 %, mientras que la hidroelectricidad se mantuvo por debajo de la media por tercer año consecutivo y la demanda energética alcanzó máximos históricos. Asia meridional, por su parte, registró déficits en el rendimiento eólico y solar junto con un fuerte aumento de la demanda de refrigeración, con anomalías mensuales cercanas al +16 % en octubre.
África oriental experimentó anomalías positivas en la producción hidroeléctrica debido a precipitaciones superiores a la media, mientras que zonas de Sudamérica sufrieron una reducción de la generación hidroeléctrica y un aumento de la demanda bajo condiciones secas y cálidas.
Por primera vez, el informe evalúa la utilidad de las previsiones climáticas estacionales para indicadores energéticos. Los resultados muestran que estas previsiones —especialmente las del sistema del ECMWF— pueden anticipar con éxito anomalías regionales en el potencial solar y en la demanda eléctrica con meses de antelación.
Estas mejoras demuestran el valor de las alertas tempranas sobre olas de calor, cambios en las precipitaciones y grandes forzantes climáticos como El Niño–Oscilación del Sur (ENSO), facilitando la gestión de la carga, la operación de embalses, la planificación de infraestructuras y el comercio transfronterizo de electricidad.
De cara a las estrategias nacionales de desarrollo bajo en emisiones a largo plazo (LT-LEDS), el informe destaca la necesidad de reforzar la planificación energética basada en el clima, mejorando los sistemas de datos y observación, ampliando los servicios climáticos regionales y diseñando objetivos energéticos resilientes alineados con el Acuerdo de París.
“La transición energética global es imparable, pero debe basarse en la realidad climática”, afirmó Francesco La Camera, director general de IRENA. Comprender la variabilidad climática es clave para tomar decisiones de inversión acertadas, reforzar la seguridad energética y garantizar un suministro fiable.
Al conectar la ciencia meteorológica con la planificación energética, el informe WMO–IRENA 2024 Year in Review ofrece orientaciones prácticas para impulsar sistemas energéticos limpios, resilientes y equitativos, en un contexto de rápida expansión de las energías renovables en todo el mundo.
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