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Joaquín Pérez Viota, presidente de Aeversu. Director de zona. Director General de Tircantabria.
Durante demasiado tiempo, el debate sobre la gestión de residuos se ha planteado en términos de dicotomías: reciclar o valorizar, residuos o energía, presente o futuro. Pero la realidad es mucho más compleja: una economía verdaderamente circular no puede construirse a partir de una única solución, sino de un sistema capaz de aprovechar al máximo cada residuo y de minimizar aquello que no puede ser recuperado. En ese modelo, la valorización energética tiene un papel que ya no podemos seguir posponiendo.
Desde el sector de la valorización creemos que España se encuentra ante un momento decisivo. La transformación de nuestro modelo de gestión de residuos no es una cuestión que pueda abordarse únicamente cuando se construyan nuevas infraestructuras, cambien las tecnologías o se modifique la legislación. Es, sobre todo, una cuestión de visión: necesitamos decidir qué modelo queremos para las próximas décadas y qué lugar debe ocupar cada una de las soluciones que tenemos a nuestro alcance.
La economía circular ha cambiado nuestra manera de entender los residuos. Ya no podemos contemplarlos simplemente como aquello que sobra y de lo que debemos deshacernos. Son materiales que, en muchos casos, todavía contienen un valor que debemos ser capaces de recuperar. Por eso, reducir, reutilizar y reciclar deben seguir siendo prioridades. Pero también debemos ser realistas: no todos los residuos pueden reutilizarse o reciclarse y es ahí donde comienza una conversación que durante demasiado tiempo ha estado condicionada por prejuicios o planteamientos simplistas: ¿qué hacemos con los residuos que no pueden seguir otra vía? ¿Los dejamos en un vertedero o buscamos una forma de recuperar parte de su valor? La respuesta debería estar guiada por criterios de eficiencia, sostenibilidad y aprovechamiento de los recursos.
La valorización energética permite precisamente dar una respuesta a esa parte del residuo que no puede ser recuperada mediante otras vías. Al transformar residuos en energía, contribuye a reducir la cantidad destinada a vertedero y permite aprovechar un recurso que, de otro modo, se perdería. Por eso, no debe entenderse como una alternativa al reciclaje, sino como una pieza complementaria dentro de un sistema integral de gestión.
Esta perspectiva resulta especialmente relevante en España, donde la dependencia de los vertederos continúa siendo muy elevada. El modelo que hemos heredado ha hecho del vertido una de las principales vías de eliminación de residuos. Sin embargo, seguir dependiendo de él significa mantener un sistema que desaprovecha recursos y que tiene un impacto ambiental que debemos reducir.
Tenemos la posibilidad de aprender de la experiencia acumulada en otros países y de avanzar hacia un modelo más equilibrado. Un modelo en el que el reciclaje tenga todo el protagonismo que debe tener, pero en el que los residuos que no puedan ser reciclados no tengan como destino inevitable el vertedero.
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