Pablo Álvarez, Responsable de Desarrollo de Negocio de la División de Energía de ITG
Con más de 350 usuarios ya activos en Galicia y Portugal y un impacto económico agregado superior a 140.000 euros anuales, estas comunidades demuestran que la tecnología puede ser el motor para fijar población y dinamizar economías locales. La propuesta de ITG no solo reduce la factura energética en torno a 400 euros por hogar al año, sino que redefine la organización territorial alrededor de la innovación, la cooperación y la resiliencia.
La nueva generación de Comunidades Energéticas Locales (CEL) ya está aquí y combina inteligencia artificial, almacenamiento y digitalización para mejorar la eficiencia en el uso de la energía y maximizar el ahorro económico de los hogares participantes. En entornos rurales, marcados por la despoblación y la escasez de oportunidades, esta convergencia tecnológica está permitiendo reducir costes energéticos, impulsar el desarrollo económico local y contribuir a frenar la pérdida de actividad y población en el territorio.
Las CEL han emergido así como un vector clave en la transición energética. Más allá de su contribución a la reducción de costes para el consumidor final, constituyen instrumentos con capacidad para dinamizar economías locales, reforzar la cohesión social y facilitar la adopción de soluciones innovadoras en entornos reales. Esto se ve reforzado por un contexto energético cada vez más volátil. La creciente incertidumbre geopolítica, su afección sobre precios y mercados energéticos y episodios anómalos como el apagón de abril de 2025, han puesto de manifiesto la necesidad de sistemas más resilientes y adaptativos. En este escenario, las comunidades energéticas no solo adquieren mayor sentido, sino que se perfilan como una pieza estratégica en la evolución del sistema energético hacia modelos más robustos, inclusivos y sostenibles.
En entornos rurales, este enfoque resulta particularmente relevante, ya que el acceso a la energía, tanto eléctrica como térmica, no siempre está garantizado en la cantidad y calidad que se espera. El modelo impulsado por ITG ya muestra resultados concretos: más de 350 usuarios participan en iniciativas en Galicia y Portugal, con ahorros medios en la factura cercanos a 400 euros anuales por hogar por el aprovechamiento de energías renovables y un impacto agregado superior a 140.000 euros en el último año.
Sin embargo, el alcance de los desarrollos liderados por el centro no se limita a la energía generada, sino a su modelo de organización y operación. Para que una comunidad energética despliegue todo su potencial, no basta con instalar generación renovable y repartir la energía generada con un esquema tradicional proporcional a la potencia instalada o a la inversión. Estas comunidades son sistemas complejos en los que conviven perfiles de consumo muy distintos, producción renovable variable, excedentes, almacenamiento, criterios adicionales de reparto, señales económicas y restricciones regulatorias. Gestionar bien esa complejidad es lo que diferencia los proyectos que simplemente funcionan de los que realmente maximizan su impacto y ahí es donde la digitalización deja de ser un complemento para convertirse en el verdadero núcleo del modelo.