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Margarita de Gregorio, CEO de la Asociación Española de Biocircularidad.
Con la perspectiva que dan los meses transcurridos desde la celebración de BioCircular Summit 2026, impulsado por la Asociación Española de Biocircularidad - Biocirc y la Plataforma Española Tecnológica y de Innovación en Biocircularidad - Bioplat, el balance permite una reflexión más pausada. Si algo ha quedado claro es que la biocircularidad ha dejado de ser un concepto emergente para convertirse en una prioridad compartida por energía, transporte, industria, agricultura, medioambiente, innovación y transición ecológica.
El Summit no fue únicamente un punto de encuentro sectorial. Fue la constatación de que la biocircularidad se está incorporando progresivamente a la agenda política de España, tanto a escala estatal como autonómica y regional. Y lo hace en un contexto especialmente significativo, en el que pesan la incertidumbre geopolítica, la dependencia energética exterior, la carrera internacional por liderar las nuevas industrias y la necesidad de soberanía estratégica.
Un consenso institucional inédito sobre el potencial de la biocircularidad
La Unión Europea está redefiniendo su política industrial en torno a la autonomía energética, la competitividad y la neutralidad climática. En ese marco, la biocircularidad adquiere un papel central. España cuenta con recursos, conocimiento científico y tejido empresarial para posicionarse. Pero el tiempo es un factor determinante.
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