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Mariano González Sáez, consejero delegado Canal de Isabel II
Canal de Isabel II cumple 175 años acompañando el crecimiento de Madrid y garantizando un servicio público esencial. Hoy, en un escenario igual de desafiante que el que propició su origen, esta empresa pública afronta una etapa decisiva con la convicción de que el agua es motor del presente y garantía del futuro.
Madrid no sería la misma sin el agua que la hizo habitable, saludable y próspera. Tampoco Canal de Isabel II sería lo que es sin el empuje de una región que ha hecho de la innovación y el aperturismo su seña de identidad. Celebrar 175 años de historia no es un ejercicio de nostalgia: es, sobre todo, un compromiso con el futuro. Porque el vínculo entre Canal y Madrid es una relación de ida y vuelta. El agua ha impulsado el desarrollo de nuestra Comunidad y, al mismo tiempo, el dinamismo de Madrid ha exigido —y permitido— que Canal evolucione y se anticipe una y otra vez.
A mediados del siglo XIX, Madrid se enfrentaba a un desafío existencial: crecía sin disponer de agua en calidad y cantidad suficientes. El proyecto de Canal de Isabel II para traer las aguas del Lozoya, iniciado en 1851 y culminado en 1858, cambió el destino de la capital. Democratizó el acceso a un recurso básico y esencial, mejoró la salud pública y sentó las bases del progreso urbano e industrial. Aquella fue una gesta de ingeniería y una decisión política valiente, auspiciada por la Corona, que convirtió el agua en un derecho efectivo para los madrileños. Desde entonces, Canal ha acompañado cada etapa de crecimiento de la región con nuevas infraestructuras y soluciones técnicas.
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