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Rafael Sánchez, director de Residuos y Plásticos en Veolia España
La gestión de nuestros residuos municipales es, para mí, el gran desafío pendiente de la economía circular en España. A pesar de los esfuerzos, mantenemos una significativa dependencia del vertedero, una práctica que nos aleja de los compromisos comunitarios y de las demandas que exige una transformación en nuestro modelo de gestión. Según datos de MITERD, aunque durante 2023 se valorizaron energéticamente menos de dos millones de toneladas de residuos (entre el 10-11% del total del residuo municipal), la realidad es que un 46,5% de nuestros residuos municipales (cerca de 11 millones de toneladas) aún sigue destinado al vertedero. Estas cifras exigen la adopción urgente de un plan estratégico más ambicioso.
Esta situación la ha puesto de manifiesto el PEMAR (Plan Estatal Marco de Gestión de Residuos 2024-2035) recientemente publicado por el Ministerio. Es muy difícil cambiar esta dinámica cuando el coste de vertido sigue siendo barato comparado con un número importante de países dentro de la UE, esto hace prevalecer el uso frente a cualquier alternativa.
La normativa europea ha marcado un camino claro basado en la jerarquía de residuos: prevenir, reutilizar, reciclar, valorizar energéticamente y, como último recurso, el envío a vertedero. La realidad de España contrasta con la de otros países como Alemania, Austria o Dinamarca, que destinan entre el 30% y el 40% de sus residuos a valorización energética y ya están cerca de cumplir el objetivo de limitar el vertido al 10% para 2035. España tiene la oportunidad y las herramientas para acelerar esta alineación a los países líderes.
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