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Por Arantza Pérez, directora Forestal de ASPAPEL.
Más de la mitad de nuestro territorio está cubierto por monte, lo que convierte a España en uno de los países europeos con mayor superficie forestal. Frente a la idea, todavía extendida, de que en las últimas décadas hemos ido perdiendo patrimonio natural, los datos cuentan una historia muy distinta: nuestras masas forestales no han parado de crecer. Estos bosques no solo son un aliado en la lucha contra el cambio climático, sino que también funcionan como motor económico esencial para las zonas rurales. En la industria papelera lo sabemos bien. Las plantaciones asociadas a nuestra actividad absorben cada año más de 40 millones de toneladas de CO₂ y sostienen más de 4.500 empleos directos, demostrando que protección ambiental y desarrollo económico pueden y deben ir de la mano.
Los incendios forestales que afectaron a la Península Ibérica el verano pasado con una intensidad histórica nos enseñaron una lección importante. Los montes no se cuidan solos. La experiencia demuestra que la gestión forestal sostenible es la herramienta más eficaz para prevenir incendios, adaptarlos al cambio climático y salvaguardar así nuestro patrimonio natural. Allí donde el abandono y la acumulación de biomasa convierten el monte en un factor de riesgo, la gestión activa lo transforma en un ecosistema más resiliente que además nos provee de recursos naturales renovables. Una realidad bien conocida por quienes trabajamos en el ámbito forestal, pero que no siempre llega al conjunto de la sociedad.
Cerrar esa brecha de conocimiento resulta clave, porque no se protege aquello que se abandona. Por eso, la educación forestal es una herramienta fundamental para construir una relación sólida, informada y consciente entre las personas y el entorno natural. Sin ir más lejos, la UNESCO está trabajando para impulsar la Educación para el Desarrollo Sostenible (EDS), que incluye la educación ambiental como un componente esencial del currículo educativo. Este enfoque busca dotar a los más pequeños de los valores, actitudes y comportamientos necesarios para vivir en interacción respetuosa con el medioambiente y desarrollar capacidades para tomar decisiones responsables.
Este aprendizaje comienza en lo cotidiano: salir al campo, observar, preguntar y conectar con lo que nos rodea. Enseñar a los más pequeños que un bosque no es solo un paisaje, sino un sistema vivo del que dependemos es sembrar una sensibilidad que permanece toda la vida. A través del juego y las experiencias directas, los niños interiorizan valores como el respeto, la biodiversidad y la importancia de cada especie, incluida la nuestra. Desde la Fundación Edufores impulsada por ASPAPEL trabajamos precisamente para facilitar recursos educativos que conviertan estas experiencias en aprendizajes y en hábitos responsables desde edades tempranas, tanto en casa como en las aulas.
En esa misma línea, acercar los bosques a la vida cotidiana resulta fundamental para reforzar ese vínculo desde edades tempranas y trasladar a los más pequeños las múltiples formas en las que están presentes en nuestro día a día. Un claro ejemplo de ello son los productos de papel y cartón. Los envases, libros, cuadernos, servilletas o papel higiénico que usamos cada día no serían posibles sin plantaciones de árboles, gestionadas en España bajo exigentes estándares de sostenibilidad.
Dentro de la estrategia de educar para cuidar, también es necesario explicar cómo funciona esa gestión forestal sostenible y por qué es esencial en nuestro día a día. Lejos de ser una intervención innecesaria, esta gestión protege la biodiversidad, mejora el ciclo del agua, sujeta los suelos, reduce el riesgo de incendios y fomenta oportunidades económicas y sociales en el medio rural. Es un trabajo que garantiza que los bosques sigan siendo fuente de vida, empleo y bienestar para las generaciones presentes y futuras.
Cada paso que damos en materia de educación forestal es una semilla que, con el tiempo, crecerá en conciencia y responsabilidad, cultivando generaciones capaces de mirar los montes como lo que realmente son: un verdadero tesoro natural que debemos comprender, cuidar y gestionar.
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