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El encarecimiento de los alimentos continúa siendo una de las principales preocupaciones económicas en España. Comer cuesta hoy un 40% más que en 2021, el doble que el aumento general del coste de vida en el mismo periodo, según el último informe de EAE Business School.
Según datos del Instituto de Potsdam y el Banco Central Europeo, esta presión sobre el precio de los alimentos continuará durante los próximos años, con incrementos adicionales de entre el 0,9% y el 3,2% anual hasta 2035 debido al impacto del cambio climático.
En este contexto, la instalación de estructuras agrovoltaicas sobre terrenos agrícolas se está consolidando como una alternativa real para reducir costes y mejorar la eficiencia de las explotaciones. Países como Alemania, Italia y Francia ya han comenzado a apostar por este modelo, que combina la producción agrícola con la generación de energía solar.
Según datos de AlphaTracker, empresa especializada en soluciones avanzadas de estructuras y sistemas de seguimiento solar para grandes plantas fotovoltaicas y agrovoltaicas, una explotación de 10 hectáreas puede ahorrar entre 15.000 y 40.000 euros anuales en costes operativos gracias a la reducción del consumo de agua, energía para bombeo, fertilizantes y pesticidas.
“Estos resultados no son consecuencia de una sola variable. Son la suma de lo que ocurre cuando un cultivo trabaja bajo condiciones distintas, con menos estrés hídrico, menos pérdidas por calor y menos dependencia de insumos externos”, afirma José Antonio Maldonado, CEO y fundador de AlphaTracker.
Las estructuras agrovoltaicas generan energía y modifican las condiciones de cultivo mediante la sombra parcial que proyectan los paneles solares. Este efecto permite reducir la evaporación del suelo y disminuir el estrés hídrico de las plantas, logrando un ahorro de hasta el 60% en las necesidades de riego.
Además, la temperatura sobre el terreno se mantiene entre 25 y 30 grados, frente a los 50 o 60 grados que puede alcanzar un campo a pleno sol durante el verano, evitando golpes de calor, quemaduras en los frutos y pérdidas de cosecha.
Según AlphaTracker, en condiciones de calor extremo estas estructuras pueden reducir las pérdidas de producción entre un 10% y un 30% en determinados cultivos, además de mejorar la calidad comercial del producto. En algunos cultivos hortícolas, la sombra parcial permite incluso alargar la producción entre 2 y 4 semanas, facilitando la venta en periodos de menor oferta y mejores precios.
Las mediciones realizadas por la compañía durante tres años reflejan un rendimiento mínimo del 98% respecto a un campo de control, manteniendo prácticamente la misma producción con una fracción del agua utilizada habitualmente.
“Si conseguimos que un olivarero, un productor de frutos rojos o un citricultor necesite hasta un 60% menos de agua para obtener prácticamente la misma cosecha, estamos atacando la inflación alimentaria en su origen”, explica Maldonado.
Las estructuras solares son compatibles con numerosos cultivos especialmente afectados por la sequía y el aumento de costes, entre ellos el kiwi, los frutos rojos, los olivos, los melones, las plantas aromáticas y los pastos.
En países como Alemania e Italia, este modelo permite además combinar los ingresos agrícolas con la venta de energía y el alquiler de terrenos, mejorando la rentabilidad de las explotaciones y favoreciendo un modelo agrícola más sostenible.
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