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Repsol acelera su plan estratégico. La multinacional sigue levantando capital en su división de generación de bajas emisiones para financiar el plan de crecimiento global presentado en marzo.
En este contexto, ya tiene pactada y muy avanzada la venta del 49% de su mayor cartera de activos renovables en España. La mitad del conocido como proyecto Minerva va a pasar a manos de Masdar, la empresa propiedad de Abu Dabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos, según señalan fuentes próximas a la operación, que añaden que el proceso está ya “en su última fase”.
En este sentido, la petrolera cede una participación minoritaria al fondo soberano emiratí y conservará el control operativo.Cabe destacar que éste, supone el tercer farm-down sobre su negocio verde en cuatro años, reforzando de esta manera un modelo asset-light que libera capital sin frenar el crecimiento renovable.
El acuerdo afecta a una cartera que combina parques eólicos terrestres, plantas fotovoltaicas y almacenamiento, distribuidos por varias comunidades autónomas. No se ha hecho pública la cifra exacta de la transacción, aunque fuentes del sector la sitúan en una horquilla de varios miles de millones de euros, en línea con valoraciones recientes de carteras renovables maduras en el mercado ibérico.
La cartera traspasada suma 706 MW de capacidad instalada, con 13 parques eólicos y seis instalaciones solares, y está valorada en, aproximadamente, 850 millones de euros. Según los datos publicados por Repsol en sus últimos informes a inversores, la petrolera mantiene un objetivo de capacidad instalada bruta superior a los 9-10 GW hacia finales de la década, con España como mercado núcleo. La rotación de capital sirve precisamente para financiar ese crecimiento sin tensionar el balance ni recurrir a deuda adicional en un entorno de tipos todavía elevados.
El interés emiratí por las renovables ibéricas no es nuevo. Masdar, el brazo verde de Mubadala, lleva años construyendo una posición notable en el sur de Europa, y otros vehículos de Abu Dabi y Dubái han comprado carteras eólicas y solares en Portugal, Italia y España.
La lógica es doble. Primero, los EAU buscan diversificar su balance soberano fuera del crudo y posicionarse como inversores creíbles en la transición energética, antes de que el dinero institucional europeo termine de copar el mercado. Segundo, la rentabilidad regulada y los power purchase agreements a largo plazo que ofrece el sistema eléctrico español encajan con horizontes de inversión de 20 o 25 años.
Por todo ello, para Repsol, el atractivo del comprador es evidente: capital paciente, sin presión por salidas a corto plazo, y con capacidad para acompañar futuras ampliaciones de cartera. El ecosistema inversor de Abu Dabi ha demostrado en los últimos cinco años una disciplina financiera que muchos fondos de infraestructuras tradicionales empiezan a echar de menos.
Repsol está construyendo un modelo de renovables asset-light en el que la petrolera actúa como desarrollador y operador, pero comparte la propiedad con socios financieros que aportan el grueso del equity. Es el mismo libro de jugadas que han adoptado Iberdrola con sus rotaciones de cartera o Acciona Energía con sus desinversiones puntuales. La diferencia es que para Repsol esto no es solo una palanca financiera: es la condición que permite seguir invirtiendo en upstream, en transformación industrial y en biocombustibles sin dilatar el ratio de deuda.
Por su parte, Masdar, la energética renovable de Emiratos Árabes Unidos, está respaldada por TAQA, Mubadala y ADNOC. La operación refuerza la presencia del grupo emiratí en el mercado español de renovables, donde ya ha cerrado alianzas con grandes compañías eléctricas.
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