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21 de septiembre, 2022 Actualidad Industriambiente comentarios
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El plástico negro ha sido siempre especialmente difícil de detectar, pero las últimas evoluciones tecnológicas han hecho posible clasificarlo no solo por color, sino también por polímero, lo que ha abierto la puerta a una fuente de ingresos extra para las empresas de reciclaje. Este logro ha cambiado totalmente un sector en rápida evolución, como es el de los envases de plástico, y STADLER, uno de los proveedores más importantes de plantas de clasificación para la industria del reciclaje, está experimentando un aumento de la demanda de sistemas capaces de recuperar todo el plástico negro del flujo de residuos. Si todos los implicados en la cadena de valor del sector trabajan juntos, es posible lograr una economía circular beneficiosa tanto desde el punto de vista financiero como desde el medioambiental.

Los envases de plástico cumplen funciones muy importantes en el mundo actual, hecho que ha potenciado su uso. Es un producto sensacional que, no obstante, presenta un importante problema al final de su vida útil. Este problema está especialmente marcado con el plástico negro, que hasta hace muy poco no podía detectarse con la tecnología existente, la tecnología de infrarrojo cercano (NIR). En palabras de Enrico Siewert, Director de Producto y Desarrollo de Mercado de STADLER: "El emisor lanza una luz sobre el material, y el sensor realiza una lectura de la energía que refleja ese material. No obstante, el negro de carbón absorbe toda la luz, de forma que la señal no devuelve información alguna y el sensor no lee nada. Esta situación hace que el plástico negro sea indetectable con la tecnología habitual disponible en las plantas de reciclaje".

Importancia de la recuperación del plástico negro
El plástico negro constituye una proporción muy importante de los residuos domésticos y, si no se recupera, acaba incinerado o en el vertedero. Esta situación no solo tiene consecuencias medioambientales, sino también financieras, tal como explica Enrico Siewert: "Si las empresas de reciclaje no son capaces de recuperar el plástico negro, pueden perder una proporción importantísima del valor de su material de entrada, de hasta el 15 %. Al poder extraer este material del flujo de residuos, pueden lograr una nueva fuente de ingresos y conseguir importantes consecuencias positivas en su resultado neto”.

"Otra cuestión importante es que cada vez más envases se fabriquen con plástico negro, al emplearse más contenido reciclado. Al reciclar envases postconsumo, si no se clasifica de forma rigurosa por color, el producto que se obtiene es una resina gris. Este material no puede convertirse nuevamente en material de color blanco, por lo que muchas transformadoras le añaden negro de carbón para lograr un color uniforme mucho más atractivo. La sociedad quiere más contenido reciclado. Por ello, cada vez veremos más y más material negro en el flujo de residuos. Así, los envases continuarán su tendencia hacia un color más oscuro", añade Siewert.

Varios de los sectores implicados en la cadena de valor del plástico han investigado soluciones al problema del plástico negro. A día de hoy, existen varias formas de recuperar este material. En primer lugar, existe un sistema de clasificación en seco, basado en sensores. Así, utilizando sensores NIR con aditivos negros visibles, el infrarrojo puede detectar los distintos tipos de polímeros. También existen otro tipo de sensores que clasifican materiales negros, también por polímeros. Con este sistema en seco basado en sensores se puede clasificar correctamente el PE negro, PP negro, PET negro y PS negro.

También existe un sistema húmedo de clasificación por densidad que se basa en el principio de flotación. Empleándolo, el polietileno y el polipropileno, más ligeros flotan conjuntamente, mientras el PET, PVC y poliestireno, más pesados, suelen hundirse. El problema de este sistema es que, además de tratarse de un sistema caro, debido al proceso de filtración, necesidad de agua, limpieza etc., no permite separar por polímeros independientes imposibilitando la circularidad del proceso.

Según Enrico Siewert: "No obstante, el mayor avance ha sido la tecnología basada en sensores. La situación ha evolucionado hasta llegar al punto en que nos encontramos actualmente, en el que somos capaces de separar el plástico negro no solo por color sino también por polímero. Este logro es muy importante porque, si la clasificadora expulsa juntos todos los materiales de color negro, la mezcla podría incluir hasta 15 polímeros distintos, y no se podrían transformar fácilmente”.

“Esta evolución es aún muy reciente, de unos 5 ó 6 años para la detección del color negro y la clasificación por polímero. Sin duda nos encontramos en un antes y un después porque se crea una nueva fuente de ingresos y se facilita reciclar materiales que, de otra forma, acabarían incinerados o en el vertedero".

Nuevas oportunidades para contribuir a la economía circular
La capacidad de detectar plástico negro implica que aumente la cantidad de este material en la cadena de reciclaje. "Tenemos que generar una demanda de este material negro postconsumo. Evidentemente, tiene ciertas limitaciones: no puede emplearse para fabricar productos de color blanco, y no siempre puede utilizarse para fabricar envases aptos para uso alimentario. Todos los que formamos parte de la cadena de valor debemos colaborar para encontrar nuevos usos para el plástico negro. No tiene por qué ser en forma de productos finales, sino que puede emplearse en la fabricación de productos como palés, cubos o traviesas para el ferrocarril. Lo importante es clasificar de forma eficaz el plástico y suministrarlo como materia prima al sector de reciclaje avanzado", continúa Siewert.

Las empresas de reciclaje químico constituyen un ejemplo estupendo de operaciones que podrían aprovechar muy bien el uso de este material: "Quieren polietileno y les es indiferente que sea negro porque lo descomponen en un gas y lo convierten en un aceite, que se transforma en plástico virgen, lo que cierra el círculo de la economía circular", afirma.

También es importante ampliar esta colaboración intersectorial a diseñadores y productores de envases. "Fabricantes y empresas de reciclaje deben poner en común sus posiciones y afrontar consideraciones como si el consumidor quiere realmente, o necesita, envases de color negro. Si el material no es reciclable, ¿qué es lo que le importa más al consumidor? ¿Prefiere una solución de círculo cerrado para los envases que compra, o se decanta más por el componente estético? Esta estrategia ayudaría a afrontar el problema del plástico negro y lograr una mejor recuperación del flujo de residuos". 

Procesamiento del plástico negro: su demanda seguirá aumentando
Los últimos avances tecnológicos y la presión de los consumidores en favor de envases con mayor contenido de material reciclado siguen impulsando un crecimiento constante de la demanda de plantas de clasificación capaces de recuperar todo el plástico negro del flujo de residuos.

STADLER ha experimentado un fuerte aumento del interés en estas soluciones y se encuentra en el epicentro de esta evolución en el sector: "Ya contamos con socios que han desarrollado tecnología de detección del plástico negro, así que podemos diseñar sistemas que recuperen este material de forma adaptada a los requisitos operativos concretos y a la inversión de cada cliente", afirma Enrico Siewert. “Ya hemos finalizado muchos proyectos para varias de las plantas de reciclaje de envases ligeros más avanzadas de Europa, y seguimos en pleno desarrollo de muchas más", puntualiza Siewert.

"Existe una demanda extremadamente grande de esta tecnología, y creo que la tendencia se mantendrá en el futuro. El flujo de residuos va a tener mayor contenido de plástico negro, y la tecnología de extracción de este material está recuperando terreno a gran velocidad", concluye Enrico Siewert.

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