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Luis Medina-Montoya Hellgren – Director Desarrollo de Negocio RVM Systems, profesor colaborador postgrado Universidad Europea de Madrid
Antes de entrar en materia conviene detenerse un momento en las palabras que vamos a usar, porque el lenguaje también forma parte de la pedagogía que este sistema necesita. A lo largo de este artículo hablaremos de “MDR”, máquinas de devolución y reembolso, y no de “RVM”, “reverse vending machine” o, peor aún, de “máquina de vending inverso”. La razón no es caprichosa. Quienes trabajamos en el sector convivimos a diario con la terminología técnica anglosajona, y es cierto que para una empresa fabricante como la que represento, hablar de RVM podría incluso resultar cómodo, dado que forma parte de nuestro propio nombre comercial. Pero si pensamos primero en el ciudadano, en la persona que va a depositar su botella o su lata en uno de estos equipos, lo razonable es llamar a las cosas de forma que se entiendan sin esfuerzo. Una máquina de devolución y reembolso explica, sólo con su nombre, lo que hace: recibe la devolución del envase y reembolsa un dinero, el depósito abonado al comprar la bebida. Por el mismo motivo, cuando hacemos referencia al SDDR preferimos hablar de Sistema de Depósito, Devolución y REEMBOLSO, y no de Sistema de Depósito y Retorno, porque lo que recibe el ciudadano al final del proceso no es un simple retorno abstracto, sino un reembolso concreto, el dinero que adelantó al comprar el envase. Sacrificar la jerga técnica, de la que a menudo abusamos, en favor de la claridad no es renunciar al rigor, es ponerlo al servicio de quien de verdad importa, el ciudadano.
Dicho esto, entremos en el corazón del asunto. La MDR es, sin duda, el elemento más visible de todo el ecosistema del SDDR, el que el ciudadano va a tocar, usar y juzgar. Pero conviene no confundir visibilidad con sencillez. Detrás de cada máquina instalada en un supermercado o punto de devolución, habrá una vasta infraestructura que se debe construir prácticamente desde cero, con decenas de actores implicados, desde fabricantes y distribuidores de bebidas hasta administradores del sistema, operadores, recicladores, transportistas, entidades financieras, empresas informáticas y autoridades públicas. La complejidad no es sólo operativa, también es financiera y de información y exige un nivel de coordinación y de seguridad que pocas veces se aprecia cuando uno simplemente introduce una botella o lata y escucha el pitido de confirmación.
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