Raquel Iglesias Iglesias | Directora General y socia fundadora de la consultoría medioambiental DríadeSM
Un debate superado por el marco normativo
Durante los últimos años, el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) ha protagonizado uno de los debates más intensos del sector de los envases en España. Administraciones públicas, productores, distribuidores, sistemas colectivos de responsabilidad ampliada del productor (SCRAP), gestores, recicladores y organizaciones sectoriales han analizado sus implicaciones ambientales, económicas y operativas. Sin embargo, el escenario ha cambiado.
La publicación del Informe sobre la recogida separada de botellas de plástico de un solo uso para bebidas correspondiente al año 2023, elaborado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, confirmó que España alcanzó una tasa oficial de recogida separada del 41,3 %, muy por debajo del objetivo del 70 % establecido para ese ejercicio. Este resultado activa el mecanismo previsto en el Real Decreto 1055/2022 para implantar un sistema de depósito para envases de bebidas.
Además, el nuevo Reglamento Europeo de Envases y Residuos de Envases (PPWR) fija un objetivo aún más ambicioso: alcanzar una recogida separada del 90 % para botellas de plástico y recipientes metálicos de bebidas antes de 2029.
En consecuencia, el foco ya no debería situarse en cuestionar la implantación del sistema, sino en diseñarlo correctamente. Un SDDR no se limita a instalar máquinas de devolución o establecer un depósito económico sobre determinados envases. Supone redefinir flujos de materiales, adaptar infraestructuras, reorganizar la financiación de la responsabilidad ampliada del productor, coordinar nuevos procesos logísticos y garantizar que los materiales recuperados mantengan el mayor valor posible a lo largo de toda la cadena de reciclado.
¿Qué sistema necesita realmente España?
La experiencia europea demuestra que no existe un único modelo de SDDR. Alemania, Noruega, Finlandia, Lituania, Eslovaquia o Rumanía han alcanzado elevadas tasas de retorno mediante sistemas diferentes, adaptados a sus características territoriales, comerciales e industriales.
España parte de una realidad distinta. Cuenta con una red de recogida selectiva y de clasificación ampliamente implantada, un alto consumo per cápita de bebidas en envase de un solo uso, con fuerte estacionalidad, una elevada dispersión territorial e influencia de la población flotante, un importante peso del canal HORECA y una estructura comercial muy heterogénea.
Por ello, el diseño del sistema deberá responder a las particularidades del territorio y, sobre todo, integrarse con las infraestructuras existentes.
Las decisiones que se adopten durante esta fase condicionarán el funcionamiento del sistema durante las próximas décadas. Aspectos como la gobernanza, la financiación, el papel de los SCRAP, la adaptación del comercio, la trazabilidad de los materiales o la reorganización de las plantas de clasificación deberán abordarse desde una visión conjunta.
Diseñar un SDDR supone encontrar un equilibrio entre objetivos que no siempre son coincidentes: aumentar la recogida separada, obtener materias primas secundarias de elevada calidad, mantener la viabilidad económica del sistema, facilitar la participación del consumidor y asegurar una integración eficiente con el resto de los modelos de gestión existentes.
¿Qué envases formarán parte del SDDR?
Una de las primeras decisiones de diseño será definir el alcance de envases sometidos al sistema de depósito. Aunque pueda parecer una cuestión estrictamente normativa, condicionará directamente la viabilidad técnica y económica del modelo, así como la calidad de los materiales recuperados.
Conviene recordar que el informe elaborado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico que activa la implantación del SDDR evalúa exclusivamente la recogida separada de botellas de plástico de un solo uso para bebidas de menos de 3 l. Sin embargo, el sistema previsto incorpora también los recipientes metálicos para bebidas.
Esta decisión responde a una lógica que trasciende el propio objetivo de recogida. La Ley 7/2022 ya contempla la posibilidad de incorporar otros envases cuando ello contribuya a garantizar la viabilidad técnica, ambiental y económica del sistema. En este contexto, la inclusión de las latas presenta claras ventajas operativas: constituyen un flujo homogéneo, ampliamente consumido, fácilmente identificable por los consumidores y perfectamente reconocible por los sistemas automáticos de devolución.
A ello se suma un aspecto especialmente relevante desde el punto de vista industrial. El aluminio es una de las materias primas secundarias con mayor valor económico del mercado y dispone de cadenas de reciclado plenamente consolidadas. Su incorporación al SDDR no solo mejora la calidad y trazabilidad del material recuperado, sino que contribuye a reforzar la sostenibilidad económica del propio sistema gracias al elevado valor de la materia prima obtenida.
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