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Por Mariella Sánchez Guerra, Directora Ejecutiva del Fondo de Agua para Lima y Callao - AQUAFONDO
Lima es una paradoja.
Con cerca de once millones de habitantes, concentra aproximadamente un tercio de la población peruana y genera alrededor del 50 % del Producto Bruto Interno del país. Sin embargo, se encuentra ubicada en una de las regiones más áridas del planeta. Su desarrollo económico, social y urbano depende del agua y es un recurso cada vez más vulnerable.
La ciudad se abastece principalmente de tres cuencas andinas que hoy enfrentan crecientes presiones derivadas del cambio climático, la contaminación y la expansión urbana. Aunque el suministro actual está asegurado, la pregunta que debemos hacernos no es si tendremos agua mañana, sino si seremos capaces de garantizarla para las próximas décadas.
Durante mucho tiempo pensamos que el desafío consistía en llevar agua a la población. Hoy sabemos que el verdadero reto es más complejo; se trata de conservar las condiciones que permitan que exista agua para la población.
En esa convicción está el origen de Aquafondo, el Fondo de Agua para Lima y Callao. Hace quince años nacimos con un propósito sencillo de expresar, pero complejo de alcanzar: contribuir a que Lima tenga más y mejor agua. Desde entonces hemos trabajado junto a empresas, entidades públicas, academia, cooperación internacional y comunidades rurales, convencidos de que la seguridad hídrica no puede construirse desde una sola organización ni desde una única mirada.
Después de estos años de trabajo, quizá el aprendizaje más importante que hemos obtenido es que la seguridad hídrica no se construye colocando puntos en un mapa sobre proyectos ejecutados; se construye fortaleciendo la confianza entre actores que históricamente no siempre dialogaron entre sí, manteniendo una presencia sostenida en el territorio, monitoreando resultados, aprendiendo de los errores y adaptando permanentemente las estrategias
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