19 de marzo, 2026
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José Ignacio Moya, director general de Faconauto.

La movilidad eléctrica avanza con fuerza en Europa, pero su éxito dependerá de algo más que la tecnología: confianza del consumidor, infraestructuras de recarga, estabilidad normativa y renovación del parque. Desde la perspectiva de los concesionarios, el reto ya no es si el vehículo eléctrico llegará, sino cómo convertirlo en una solución cotidiana y accesible para ciudadanos y empresas.

La electrificación de la automoción ya no es una previsión de futuro. Es una transformación estructural en marcha que está redefiniendo el sector de la automoción, el sistema energético y la movilidad sostenible tal y como la hemos conocido durante décadas. Europa ha marcado una hoja de ruta clara hacia la descarbonización, y el vehículo eléctrico ocupa un papel central en ese proceso.

El contexto del mercado español explica la importancia de esta transición. En 2025 se matricularon en España 1.148.000 turismos, lo que supone un crecimiento del 12,9% sobre el año 2024. Una buena noticia, sin duda, pero todavía por debajo del nivel estructural de los 1,250 1,300 millones de unidades anuales que consideramos necesarios para garantizar estabilidad industrial, inversión y empleo. Y en ese sentido, la electrificación debe avanzar, por tanto, acompasada con la recuperación del mercado y con una renovación sostenida del parque.

Sin embargo, si algo hemos aprendido en los últimos años es que la transición hacia la movilidad eléctrica no depende únicamente del desarrollo tecnológico. Los vehículos existen, la innovación avanza, la industria está realizando inversiones sin precedentes, y también los concesionarios oficiales. El gran desafío ahora es convertir esa transformación en una realidad cotidiana para los ciudadanos y las empresas. La electrificación no será un éxito por la velocidad a la que evoluciona la tecnología, sino por la capacidad del sistema para acompañar al usuario en el cambio.

Del avance tecnológico a la adopción real

Especialmente en 2025, con un incremento de la electrificación (vehículo eléctrico puro e híbrido enchufable) que ha pasado del 11,4% de 2024 al 19,6% del año pasado, el vehículo eléctrico ha dejado de ser una promesa para convertirse en una opción real dentro del mercado. Sin embargo, el paso de la curiosidad a la decisión de compra implica factores mucho más complejos que la mera disponibilidad del producto.
El consumidor necesita confianza, certidumbre y una experiencia de uso sencilla. Debe comprender cómo será su día a día con un vehículo electrificado: cómo se carga, cuánto cuesta, qué ayudas existen y qué cambios implica en su forma de movilidad.

Según nuestro estudio llevado a cabo junto a Sigma Dos, persisten barreras conocidas: el precio de acceso, la percepción sobre la autonomía, la disponibilidad de infraestructuras de recarga y, sobre todo, la incertidumbre sobre ayudas e incentivos. Los datos lo confirman con claridad: el 68,1 % de los ciudadanos descarta por ahora la adquisición de un vehículo eléctrico y el 78 % no lo compraría sin ayudas públicas. Entre los principales frenos destacan el precio (65,8 %), la autonomía (52,5 %), la falta de puntos de recarga (43,3 %) y la inseguridad en torno a los incentivos (29 %). Además, un 41,7 % solo se plantearía la compra si las ayudas fueran claras, accesibles y sin trabas burocráticas, lo que evidencia que la incertidumbre regulatoria sigue siendo un factor decisivo en la decisión de compra.
Por ello, el avance de la electrificación requiere estabilidad, información clara y una experiencia de usuario sencilla. No basta con que el vehículo eléctrico exista: debe ser comprensible, accesible y viable en el día a día. De hecho, la experiencia demuestra que muchas reticencias desaparecen con el uso real: el 75,2 % de quienes ya han probado un vehículo eléctrico repetiría la compra. Este dato subraya que el reto no es solo tecnológico, sino también de acompañamiento al usuario, simplificación del proceso de compra y generación de confianza en el ecosistema de movilidad eléctrica

El concesionario como puente entre tecnología y ciudadano

En este contexto, el concesionario oficial desempeña un papel esencial que a menudo pasa desapercibido. Es el punto de contacto directo entre la innovación tecnológica y el usuario final. Es el lugar donde se resuelven dudas, se explican tecnologías, se comparan opciones y se acompaña al cliente en un proceso de compra cada vez más complejo.

La movilidad eléctrica introduce nuevos elementos que van más allá del propio vehículo: instalación de puntos de recarga, hábitos de uso, gestión de ayudas públicas o comprensión del coste total de propiedad. Este cambio convierte al concesionario en un agente clave de asesoramiento y acompañamiento.
Hoy, el concesionario no solo vende vehículos; ayuda a interpretar una nueva forma de movilidad. Así lo dicen el 93% de los clientes, según el estudio Faconauto–Sigma Dos, que creen que el concesionario del futuro será un gran centro de movilidad, con diferentes opciones y alternativas para aplicarlas en el modo de vida del consumidor.

Este acompañamiento es especialmente relevante para que la electrificación llegue a perfiles de usuarios más amplios. Debe llegar al consumidor medio, a las pymes y a las flotas profesionales. Y para ello es imprescindible contar con un canal que traduzca la innovación en soluciones comprensibles y aplicables.

Infraestructura de recarga: condición necesaria para acelerar el cambio

Uno de los elementos más determinantes para la adopción del vehículo eléctrico es la infraestructura de recarga. La experiencia de carga debe ser segura, accesible y cotidiana. Solo así se eliminarán las dudas que todavía frenan a muchos potenciales compradores. El cierre de 2025 confirma que la electrificación avanza cuando se dan las condiciones adecuadas: el mercado superó el millón de turismos matriculados y la electrificación alcanzó una penetración cercana al 25%, impulsada por el crecimiento de la oferta, las ayudas públicas y el avance progresivo de la red de recarga.

En este ámbito, la colaboración entre actores públicos y privados resulta imprescindible. El despliegue de infraestructuras debe avanzar de forma homogénea, con procedimientos ágiles y con una visión a largo plazo que genere confianza.

Precisamente con este objetivo, en Faconauto, junto con AEDIVE, hemos impulsado dos decálogos para promover una experiencia de carga segura y cotidiana del vehículo eléctrico. Esta iniciativa busca facilitar la adopción real de la movilidad eléctrica mediante recomendaciones prácticas que mejoren la información, la seguridad y la confianza del usuario, contribuyendo además a avanzar hacia un modelo de movilidad con menor huella ambiental y mayor eficiencia energética.

La electrificación no depende únicamente de la disponibilidad de puntos de recarga, sino de que el ciudadano perciba que puede utilizarlos con normalidad en su día a día.

Renovación del parque: la gran palanca ambiental inmediata

En España, la electrificación debe convivir con una realidad estructural: contamos con uno de los parques automovilísticos más envejecidos de Europa. La edad media del parque nacional se sitúa en 14,5 años. Además, solo el 1,7% del parque cuenta con etiqueta CERO y el 6,7% con etiqueta ECO, mientras que un 22,7% todavía carece de distintivo ambiental.

Esta estructura explica por qué la renovación del parque es una palanca imprescindible. Por eso nosotros vemos una estrategia con dos líneas de acción: el impulso de la electrificación, antes con el Plan MOVES III y ahora con el Programa Auto +, y un Plan Nacional de Renovación, complementario al anterior, que permita a una parte todavía muy importante de la sociedad transitar, mediante el achatarramiento de las unidades más antiguas, hacia otros vehículos de bajas emisiones que sean más eficientes y sobre todo, más seguros. Este es el enfoque de neutralidad tecnológico que defendemos: práctico, universal y sobre todo, que suma en el camino de la descarbonización sin dejar a nadie atrás.

Es importante tener en cuenta que, ese Plan Nacional de Renovación, ya está contemplado en la Disposición Adicional nº 21 de la Ley de Movilidad Sostenible, aprobada en diciembre de 2025 y que establece la obligatoriedad de poner en marcha dicho plan en un plazo de tres meses.

Mientras tanto, hay CCAA que están poniendo en marcha o reeditando planes de renovación e iniciativas similares, que el año pasado ya fueron protagonistas de un tercio del crecimiento de mercado generado.

Certidumbre para consolidar la transición

La movilidad eléctrica requiere estabilidad. La decisión de compra de un vehículo es una inversión relevante para familias y empresas, y necesita un marco predecible. Ayudas simples, homogéneas y continuadas en el tiempo generan confianza y facilitan la planificación.

La transición energética no puede basarse en impulsos puntuales. Necesita continuidad, visión a largo plazo y coordinación entre administraciones, industria y distribución. Cuando el consumidor percibe estabilidad, el mercado responde. Y cuando el mercado responde, la industria puede planificar inversiones, producción y empleo con mayor seguridad.

La estabilidad regulatoria es clave no solo para el sector de la automoción, sino también para la planificación energética y el despliegue de infraestructuras de recarga.

La electrificación como oportunidad para el sistema energético

La transición hacia el vehículo eléctrico no solo transforma la automoción; también está estrechamente vinculada a la evolución del sistema energético. El desarrollo de la movilidad eléctrica abre la puerta a un modelo de consumo más eficiente, distribuido e inteligente, en el que el vehículo se integra progresivamente en el ecosistema energético.

El despliegue de puntos de recarga, la gestión de la demanda y la integración con energías renovables convierten al vehículo eléctrico en un elemento activo dentro de la transición energética. La recarga inteligente, el autoconsumo o la futura bidireccionalidad de la energía representan oportunidades para optimizar el uso de la red y avanzar hacia un modelo más sostenible.

En este contexto, la coordinación entre los sectores energético y de automoción resulta imprescindible. La electrificación del transporte debe avanzar en paralelo al desarrollo de infraestructuras, redes y generación renovable para garantizar que el crecimiento del vehículo eléctrico se produzca de forma equilibrada y eficiente.

La transformación del concesionario en la nueva movilidad

La transición hacia la movilidad eléctrica también está impulsando una profunda transformación en la red de concesionarios. La distribución está realizando inversiones relevantes en formación, digitalización, adaptación de instalaciones y desarrollo de nuevos servicios vinculados a la movilidad eléctrica.
Los equipos comerciales han tenido que incorporar nuevas competencias técnicas para explicar tecnologías, infraestructuras de recarga, ayudas públicas o soluciones de financiación adaptadas al vehículo eléctrico. Al mismo tiempo, los concesionarios están integrando nuevos servicios relacionados con la instalación de puntos de recarga, la gestión de flotas electrificadas o el asesoramiento energético.

Esta evolución convierte al concesionario en un actor clave no solo para la comercialización, sino también para la implantación real de la movilidad eléctrica en el territorio. Su capilaridad (los concesionarios están presentes en el 63% de los municipios) y proximidad al cliente final permiten trasladar la transición energética al día a día de ciudadanos y empresas.

Electrificación y competitividad económica

La movilidad eléctrica representa, además, una oportunidad industrial y económica de primer orden. La transición hacia nuevas tecnologías moviliza inversiones, impulsa la innovación y genera nuevas cadenas de valor vinculadas a la energía, la digitalización y los servicios de movilidad.

Acelerar la adopción del vehículo eléctrico contribuye a reforzar la competitividad del tejido productivo, atraer proyectos industriales y consolidar empleo vinculado a la nueva movilidad. La electrificación no es únicamente una cuestión ambiental; es también una palanca de modernización económica y tecnológica.
Consolidar un mercado donde la electrificación ya representa más del 20% de las matriculaciones mensuales es un avance relevante, pero sin una aceleración de la renovación del parque será difícil alcanzar el ritmo necesario para transformar estructuralmente la movilidad.

Una transformación tecnológica, social y económica

La movilidad eléctrica representa una oportunidad histórica para avanzar hacia un modelo de transporte más sostenible, eficiente y conectado. Convertirla en una realidad cotidiana exige colaboración, estabilidad y una visión compartida de largo plazo.

La coordinación entre administraciones, sector energético, industria y distribución será determinante para lograrlo.

Si conseguimos acompañar al ciudadano en esta transición, la electrificación dejará de ser una expectativa para convertirse en una solución real y accesible que contribuirá de forma decisiva a la descarbonización del transporte, a la modernización del sistema energético y al fortalecimiento del tejido industrial.

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