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La alcaldesa de Zaragoza, Natalia Chueca, presenta City.360 como la primera feria pensada por y para los ayuntamientos, con un enfoque práctico y realista en la gestión de las ciudades. En esta entrevista, detalla cómo Zaragoza está liderando proyectos pioneros que combinan sostenibilidad, digitalización e inteligencia artificial, desde el gemelo digital del ciclo del agua hasta la refinería de residuos cero. Chueca defiende un modelo de ciudad donde la sostenibilidad no es un coste, sino una inversión que genera empleo, atrae fondos europeos y mejora la calidad de vida de los vecinos. La ciudad ha captado ya más de 125 millones de euros en fondos europeos y aspira a formar en inteligencia artificial a toda su población para que nadie se quede atrás en la nueva economía. Con iniciativas como el Bosque de los Zaragozanos, la renaturalización del río Huerva y su apuesta por convertirse en el primer faro smart city del sur de Europa, Zaragoza se posiciona como referente de transformación urbana.
City.360 nace con una vocación muy clara: ser una feria pensada desde los ayuntamientos y para los ayuntamientos. Existen grandes foros sobre ciudades inteligentes o sostenibilidad, pero queríamos un encuentro eminentemente práctico, donde alcaldes, concejales, técnicos municipales y empresas puedan compartir soluciones reales, aplicables y escalables.
Zaragoza tiene mucho que aportar porque estamos viviendo una etapa de transformación urbana, económica y tecnológica muy intensa. Queremos que City.360 sea un espacio para hablar de gestión, no solo de tendencias: agua, residuos, movilidad, energía, digitalización, seguridad, inteligencia artificial y servicios públicos.
Además, Zaragoza tiene una posición estratégica excepcional y una feria con capacidad para acoger grandes eventos profesionales. Nuestra ambición es que City.360 se consolide como el punto de encuentro de referencia para las ciudades que quieren modernizarse sin perder de vista lo esencial: mejorar la vida de sus vecinos.
Me gustaría que City.360 sirviera para acelerar proyectos que ya estamos desarrollando y para incorporar otros nuevos que puedan mejorar todavía más la gestión de Zaragoza.
Por ejemplo, uno de los ámbitos donde vemos un enorme potencial es el uso de la inteligencia artificial para anticipar incidencias en los servicios urbanos. Estamos trabajando para que la IA ayude a optimizar el mantenimiento del alumbrado público, detectar averías antes de que se produzcan o mejorar la planificación de la limpieza viaria y la recogida de residuos. Si somos capaces de anticiparnos, reducimos costes y prestamos un mejor servicio.
Otro ejemplo muy claro es el ciclo integral del agua. Zaragoza lleva décadas siendo un referente nacional en gestión eficiente del agua y ahora queremos dar un salto cualitativo con el desarrollo del gemelo digital del ciclo del agua. Este sistema permitirá integrar miles de datos procedentes de sensores distribuidos por la red para detectar fugas casi en tiempo real, optimizar presiones, prever consumos o simular escenarios de sequía y lluvias torrenciales. En una ciudad como Zaragoza, donde el agua siempre ha sido un recurso estratégico, la digitalización es una herramienta fundamental para seguir mejorando la eficiencia.
También esperamos conocer nuevas soluciones en economía circular. Nos interesa especialmente la sensorización de contenedores para optimizar rutas de recogida, nuevas tecnologías de separación de residuos, sistemas de valorización de la materia orgánica y proyectos capaces de transformar residuos en nuevos recursos energéticos. Cada tonelada que reutilizamos es una tonelada menos que acaba en vertedero y una oportunidad para generar actividad económica.
Y, por supuesto, queremos seguir avanzando en eficiencia energética. Zaragoza está desarrollando comunidades energéticas, ampliando instalaciones fotovoltaicas en edificios municipales y mejorando la rehabilitación energética de equipamientos públicos. Todo ello forma parte de una estrategia que movilizará más de 160 millones de euros en actuaciones vinculadas a la neutralidad climática durante los próximos años.
Pero, sobre todo, me gustaría que City.360 consolidara algo que considero esencial: que las empresas vean Zaragoza como una ciudad donde desarrollar proyectos piloto. Ya hemos ofrecido Zaragoza como laboratorio para probar soluciones de inteligencia artificial junto a grandes compañías tecnológicas, y queremos extender ese modelo a otros ámbitos de la innovación urbana.
Les diría que Zaragoza es una ciudad que ha demostrado que el tamaño no es un límite para liderar la innovación. No somos la capital de España ni la ciudad más grande del país, pero hemos sabido construir un modelo basado en la planificación estratégica, la colaboración público-privada y una enorme capacidad de ejecución.
En apenas unos años hemos conseguido captar más de 125 millones de euros de fondos europeos, con un nivel de ejecución que nos sitúa entre las ciudades españolas con mejores resultados. Eso significa que no solo diseñamos proyectos, sino que somos capaces de convertirlos en realidades que mejoran la vida de las personas.
Podemos compartir experiencias muy diversas. Desde el Bosque de los Zaragozanos, que se ha convertido en uno de los mayores proyectos de infraestructura verde impulsados por una ciudad española, hasta la transformación integral del río Huerva, que cambiará completamente la relación de los ciudadanos con este espacio natural. También podemos mostrar cómo estamos incorporando inteligencia artificial en la administración, cómo estamos modernizando el ciclo integral del agua o cómo estamos utilizando los datos para gestionar mejor los servicios públicos.
Pero también podemos explicar algo que considero muy importante: cómo una ciudad puede prepararse para aprovechar una oportunidad histórica. Aragón está viviendo un momento extraordinario de atracción de inversiones vinculadas a los centros de datos, la logística, la industria tecnológica y las energías renovables. Zaragoza quiere ser la puerta de entrada de ese crecimiento, adaptando sus infraestructuras, su movilidad, su oferta de vivienda y sus servicios públicos para responder a esa nueva realidad.
Por eso me gusta decir que Zaragoza no solo está transformándose; está preparándose para el futuro. Y creo que esa experiencia puede resultar útil para muchas ciudades que afrontan desafíos similares.
Creo que nuestro principal diferencial es que entendemos la sostenibilidad como una política transversal, no como un conjunto de actuaciones aisladas.
Para nosotros la sostenibilidad significa reducir emisiones, pero también atraer inversión, generar empleo de calidad, utilizar mejor los recursos públicos, impulsar la innovación y mejorar la calidad de vida. No concebimos una ciudad sostenible que no sea también competitiva.
Un buen ejemplo es el Bosque de los Zaragozanos. No hablamos únicamente de plantar árboles. Estamos creando una infraestructura verde que conectará espacios naturales, mejorará la biodiversidad, reducirá el efecto isla de calor y contribuirá a capturar miles de toneladas de CO₂. Además, es un proyecto que involucra a colegios, empresas, entidades sociales y miles de ciudadanos, convirtiéndose en un ejemplo de participación colectiva.
Otro ejemplo es la recuperación del río Huerva. Durante décadas fue un espacio degradado y prácticamente oculto para los ciudadanos. Hoy estamos desarrollando uno de los proyectos de renaturalización urbana más importantes de España, creando nuevos corredores verdes, recuperando espacios públicos y mejorando la adaptación de la ciudad frente al cambio climático.
La sostenibilidad también está presente en nuestra apuesta por la energía. Estamos ampliando la generación fotovoltaica en edificios municipales, impulsando comunidades energéticas, mejorando la eficiencia de instalaciones públicas y trabajando para que Zaragoza alcance los objetivos marcados dentro de la Misión Europea de las 100 Ciudades Climáticamente Neutras e Inteligentes.
Y hay un elemento que considero especialmente diferencial: estamos uniendo sostenibilidad e inteligencia artificial. La digitalización del agua, los gemelos digitales, la gestión inteligente del tráfico o el análisis avanzado de datos nos permiten consumir menos recursos y prestar mejores servicios. Esa combinación entre naturaleza y tecnología es probablemente el rasgo que mejor define el modelo de ciudad que estamos construyendo.
¿Qué metas de neutralidad climática tiene marcadas la ciudad para 2030 y 2040, y cómo se financia su cumplimiento?
La neutralidad climática no es un objetivo aislado, sino una transformación profunda de la forma en que concebimos la ciudad. Zaragoza forma parte de la Misión Europea de las 100 Ciudades Climáticamente Neutras e Inteligentes, lo que supone trabajar con un calendario muy exigente y, sobre todo, con compromisos medibles.
Nuestra hoja de ruta se articula sobre varios ejes. El primero es la reducción de emisiones mediante la mejora de la eficiencia energética en edificios públicos y privados. Estamos renovando instalaciones municipales, incorporando iluminación LED, ampliando la producción de energía fotovoltaica y fomentando las comunidades energéticas. El segundo eje es la movilidad sostenible, donde seguimos impulsando el transporte público, la electrificación de la flota municipal y la Zona de Bajas Emisiones. El tercero es la infraestructura verde, con proyectos como el Bosque de los Zaragozanos o la recuperación del río Huerva, que no solo mejoran la biodiversidad sino que ayudan a mitigar el efecto isla de calor y aumentan la capacidad de absorción de CO₂.
Pero hay un cuarto eje que diferencia a Zaragoza de muchas ciudades: la digitalización. La inteligencia artificial, los gemelos digitales y la sensorización nos permiten consumir menos recursos porque optimizan la gestión diaria. Ahorrar agua, energía o combustible también es una política climática.
Todo ello requiere una importante capacidad inversora. Hemos logrado captar más de 125 millones de euros de fondos europeos destinados a proyectos de transformación urbana, sostenibilidad y digitalización, con uno de los niveles de ejecución más elevados entre las grandes ciudades españolas. A ello se suman recursos municipales y la colaboración con empresas privadas que están invirtiendo en Zaragoza porque encuentran una ciudad estable, innovadora y preparada para crecer.
No entendemos la sostenibilidad como un coste, sino como una inversión. Cada euro destinado a eficiencia energética, renaturalización o digitalización supone un ahorro futuro, mejora la calidad de vida de los ciudadanos y hace que Zaragoza sea más competitiva para atraer empresas y empleo.
La mejora del reciclaje nunca depende de una única medida. Es el resultado de combinar mejores infraestructuras, tecnología y, sobre todo, concienciación ciudadana.
En Zaragoza hemos modernizado progresivamente el servicio de recogida y estamos incorporando herramientas que nos permiten conocer mejor cómo funciona el sistema. La digitalización empieza a jugar un papel importante. Disponer de información sobre el llenado de determinados contenedores o analizar los datos de recogida nos permite planificar rutas más eficientes, reducir desplazamientos innecesarios y disminuir emisiones.
Pero probablemente la actuación más importante sigue siendo la educación ambiental. Llevamos muchos años desarrollando campañas dirigidas tanto a escolares como a familias y empresas porque la economía circular empieza en cada hogar. Cuando un ciudadano separa correctamente sus residuos está facilitando todo el proceso posterior de reutilización y valorización.
En los próximos años queremos dar un paso más. Estamos estudiando nuevas soluciones tecnológicas para mejorar la recogida selectiva y avanzar hacia una gestión todavía más inteligente de los residuos. Nos interesa especialmente todo lo relacionado con la sensorización, el análisis de datos y la inteligencia artificial aplicada a la planificación del servicio.
Además, queremos reforzar la colaboración con el tejido empresarial. Zaragoza está viviendo un momento extraordinario desde el punto de vista industrial y logístico, y eso también abre oportunidades para desarrollar nuevos proyectos de economía circular que conviertan residuos en materias primas o fuentes de energía.
Nuestro objetivo no es únicamente reciclar más; es generar menos residuos y aprovechar mejor los recursos que ya tenemos.
Nuestra ciudad está entre las que más porcentaje del global de sus residuos recupera: más del 50%. Pero el objetivo que ahora se plantea es mucho más ambicioso y consiste en que el 100% de la basura se recupere, bien sea reutilizando materiales o generando energía, como hasta ahora, o transformando esos restos, especialmente los no reciclables, en moléculas tan valiosas como el metanol y el hidrógeno. Por ello, estamos trabajando en una refinería, que se situará en el Complejo de Tratamiento de Residuos (CTRUZ), en la que todos los restos de basura que actualmente no se recuperan y acaban en el vertedero se transformarán en elementos como hidrógeno y metanol.
Esta refinería de vanguardia se sumará de manera complementaria a otras dos importantes inversiones realizadas en los últimos años en la planta zaragozana: el proyecto Circular Biocarbon y la nueva línea específica de tratamiento de residuos orgánicos. Ambos proyectos han sido respaldados con sendas subvenciones por parte de la Unión Europea. Se cerrará así por completo el círculo de la gestión de los residuos, evitándose el vertido o incineración de las fracciones no reciclables. Además, se alcanza el objetivo de Residuo Cero y se contribuye a la realidad práctica de la economía circular de la ciudad, y todo ello sin emisiones de CO2.
El Proyecto Zaragoza Zero Residuos tendrá una inversión total de casi 300 millones de euros y se autofinanciará con la venta del metanol obtenido en la planta a industrias químicas para su conversión en plásticos y otros productos.
El desarrollo del gemelo digital del ciclo integral del agua supone disponer de una réplica virtual de toda la red que integra información procedente de miles de sensores distribuidos por la ciudad. Esto nos permite conocer prácticamente en tiempo real cómo se comporta el sistema, detectar anomalías, localizar fugas con mucha mayor rapidez y optimizar tanto el mantenimiento como el consumo energético asociado al abastecimiento.
El beneficio es muy tangible para los ciudadanos. Si antes una avería podía detectarse cuando ya era visible en la calle, ahora podemos identificar variaciones anómalas de presión o caudal antes de que la incidencia tenga consecuencias importantes. Eso significa menos pérdidas de agua, menos cortes de suministro y una gestión mucho más eficiente de los recursos públicos.
Además, el gemelo digital nos permite simular escenarios futuros. Podemos analizar cómo respondería la red ante una sequía prolongada, un episodio de lluvias torrenciales o un incremento extraordinario del consumo asociado al crecimiento de la ciudad. Esa capacidad predictiva es fundamental en un contexto de cambio climático.
Este proyecto conecta perfectamente con nuestra visión de Zaragoza como ciudad inteligente. La tecnología no debe quedarse en un laboratorio; tiene que servir para tomar mejores decisiones y prestar mejores servicios. Y el agua es probablemente el mejor ejemplo de cómo la inteligencia artificial y el análisis avanzado de datos pueden traducirse en beneficios directos para todos los ciudadanos.
Nada más llegar a la Alcaldía, Zaragoza sufrió una importante tormenta que marcó un antes y un después. Especialmente en la zona de Parque Venecia. Desde entonces hemos trabajado con una idea clara: Zaragoza tiene que anticiparse a fenómenos extremos, no limitarse a reparar sus consecuencias.
El canal perimetral del Barranco de la Muerte ya es la primera gran pieza de esa protección. Es una infraestructura de más de 300 metros de longitud, 24 metros de anchura y 2 metros de profundidad, situada junto al CEIP María Zambrano y el cuartel de la Policía Local, pensada para recoger el agua que baja por el barranco en episodios de tormenta y desviarla hacia la Z-30, evitando que impacte directamente sobre el barrio. Además, se amplió la boca del colector hasta 1,8 metros de diámetro y se incorporó una obra de amortiguación con vertedero escalonado para disipar la energía del agua.
La segunda pieza es el tanque de tormentas junto al cementerio de Torrero. Será una infraestructura de laminación: almacenará temporalmente el agua durante lluvias torrenciales y la liberará después de forma controlada para no colapsar la red. Según la planificación publicada, estará listo en el primer trimestre de 2027, y se completará con diques de laminación y un gran colector bajo el Tercer Cinturón, dentro de una actuación global estimada en unos 8 millones de euros.
Esto no son obras aisladas: es una estrategia de adaptación climática. Combinamos ingeniería hidráulica, sensores, protocolos de emergencia y renaturalización urbana. Porque una ciudad preparada para el cambio climático necesita colectores y tanques, pero también más suelo permeable, más arbolado y más capacidad de respuesta.
Nuestra prioridad es vincular esa reutilización al futuro de las depuradoras, especialmente La Cartuja. La EDAR de La Cartuja trata una parte esencial de las aguas residuales de la ciudad y su renovación es uno de los grandes retos ambientales de Zaragoza. El Ayuntamiento ha planteado dos escenarios técnicos: ampliar la instalación actual, con un coste estimado en torno a 90 millones de euros, o construir una nueva planta, que podría superar los 170 millones. Por eso hemos reclamado al Estado que esta actuación sea declarada Obra de Interés General, porque no hablamos solo de una infraestructura local: hablamos del principal vertido urbano al Ebro y de una pieza ambiental estratégica para toda la cuenca.
Mientras se define esa gran solución, estamos impulsando mejoras en La Cartuja: 7,2 millones de inversión ligados a la ampliación de la concesión para mejorar bombeos, tratamiento de aguas industriales, procesos físico-químicos y automatización de decantadores. También se estudiará cómo aumentar la generación de energía en la propia planta.
La reutilización de aguas regeneradas debe integrarse ahí. El objetivo es que el agua depurada pueda tener una segunda vida en zonas verdes, baldeo, usos industriales compatibles y nuevas demandas vinculadas al crecimiento económico de Zaragoza. Es economía circular aplicada al agua.
Zaragoza está pasando de tener zonas verdes aisladas a construir una verdadera infraestructura verde conectada. El Ebro, el Huerva, el Canal Imperial, los parques urbanos y el Bosque de los Zaragozanos forman parte de una misma estrategia.
El proyecto más transformador ahora mismo es la regeneración del río Huerva con una inversión de 33 millones de euros. Se actúa sobre 2,5 kilómetros de cauce urbano, en dos tramos, con el objetivo de devolver calidad ambiental a un río que durante décadas estuvo degradado y desconectado de la ciudad.
No es solo una obra paisajística. El Huerva va a conectar barrios, crear sendas, recuperar espacios públicos, mejorar biodiversidad y combatir el calor urbano. Heraldo lo ha descrito como una actuación que reestructura movilidad, conecta barrios y genera una ciudad más humana.
A esto se suma el Bosque de los Zaragozanos, que ya supera los 200.000 árboles y arbustos plantados en más de 230 hectáreas y mantiene el objetivo de alcanzar 700.000 árboles y arbustos antes de 2030. En la última etapa se han desarrollado actuaciones en La Cartuja Baja, Campos del Canal, Parque Venecia y Torrero.
Y el nuevo contrato de zonas verdes también refuerza esta política: 31,7 millones anuales, casi ocho millones de metros cuadrados gestionados, más de 148.000 árboles y 100 parques urbanos.
La movilidad sostenible tiene que implantarse con realismo, ofreciendo alternativas antes de imponer restricciones. Zaragoza está actuando en tres frentes: transporte público eléctrico, bicicleta y Zona de Bajas Emisiones.
En autobuses, la transformación ya es visible. En 2025 comenzaron a incorporarse 40 nuevos buses eléctricos y vamos a acabar este 2026 con 123 buses eléctricos. Zaragoza cuenta ya con una flota eléctrica muy relevante y el futuro contrato del bus prevé que todos los vehículos sean 100% eléctricos en 2036.
En bicicleta, partimos de una red de 162 kilómetros de carriles bici, que estamos mejorando con un plan de choque para reparar los tramos más deteriorados. Además, el sistema Bizi ha dado un salto de escala: la renovación prevé bicicletas eléctricas, más estaciones y extensión real a todos los barrios, con datos de uso que ya sitúan al servicio en unos 14.000 viajes diarios laborables, rebasando también los 10 millones de usos.
En cuanto a la ZBE, Zaragoza ha optado por una implantación acorde con lo marcado por el Gobierno de España. En Zaragoza no hay muchos días de contaminación, por lo que hemos de hacer una ZBE modulada.
Zaragoza quiere ser un faro smart city porque ya estamos bajando la tecnología a proyectos concretos. No hablamos de futuribles: hablamos de servicios públicos que empiezan a cambiar.
El proyecto Zityverse es uno de los más claros. Avanza en la creación de gemelos digitales de la ciudad, réplicas virtuales que permiten experimentar cambios antes de aplicarlos en la realidad. Esto puede servir para simular movilidad, gestión energética, obras, eventos, riesgos climáticos o funcionamiento de servicios públicos.
También estamos desarrollando asistentes virtuales con inteligencia artificial para facilitar los trámites municipales. El objetivo es que un ciudadano pueda preguntar por licencias, ayudas, empadronamiento o servicios municipales de forma sencilla, con atención 24 horas y lenguaje natural. El Ayuntamiento ha licitado un asistente virtual por unos 200.000 euros y ha previsto tótems digitales en la Casa Consistorial y el Edificio Seminario.
En paralelo, Zaragoza ha firmado un acuerdo con Google para desarrollar proyectos innovadores de IA durante dos años y se ha ofrecido como ciudad piloto para probar soluciones orientadas a mejorar servicios públicos.
La formación en inteligencia artificial no puede limitarse a perfiles tecnológicos. Si queremos que Zaragoza sea una ciudad preparada para la nueva economía, la IA tiene que llegar al pequeño comercio, a los trabajadores, a los jóvenes, a los desempleados, a los empleados públicos y también a quienes necesitan mejorar sus competencias digitales básicas.
Por eso hemos suscrito un protocolo con Microsoft para ofrecer formación gratuita en IA a la población de Zaragoza. Los cursos estarán disponibles para mayores de 16 años, en formato online, y permitirán cursar uno o varios módulos según el interés o la especialización de cada usuario.
La idea es muy práctica. Un comerciante podrá aprender a usar IA para mejorar la atención al cliente o preparar campañas. Un desempleado podrá adquirir competencias digitales demandadas por las empresas. Un estudiante podrá aproximarse a herramientas que ya forman parte del mercado laboral. Y un autónomo podrá aplicarlas a gestión, facturación, comunicación o análisis de datos.
También vamos a formar a los empleados municipales. La IA debe ayudarnos a simplificar procedimientos, reducir tiempos de respuesta, automatizar tareas repetitivas y mejorar la atención al ciudadano. Si queremos que el Ayuntamiento sea más ágil, tenemos que empezar por capacitar a nuestra propia plantilla.
El calendario arranca con el despliegue del programa formativo junto a Microsoft y se complementa con otras iniciativas de alfabetización digital, como los talleres gratuitos impulsados con Orange y Fundación Orange para mayores y desempleados.
La clave es que nadie se quede atrás. Zaragoza no quiere ser solo una ciudad donde se instalen grandes tecnológicas; quiere ser una ciudad donde los ciudadanos sepan aprovechar esa transformación.
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