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AIMPLAS, Instituto Tecnológico del Plástico, ha duplicado este año las consultas relacionadas con el nuevo Reglamento Europeo sobre Envases y Residuos de Envases (PPWR), cuya entrada en aplicación está prevista para el próximo 12 de agosto.
En lo que va de 2026, el centro tecnológico ya ha atendido más de 200 consultas, prácticamente el doble que en el mismo periodo del año anterior.
Actualmente, entre el 50 % y el 60 % de las consultas que recibe el departamento de Food Contact & Packaging están vinculadas a esta nueva normativa. La mayoría de las dudas están relacionadas con la interpretación de los nuevos requisitos, la documentación necesaria para acreditar el cumplimiento y los materiales o tipos de envases a los que afecta el reglamento.
El PPWR establece nuevos límites para las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS) en los envases destinados al contacto con alimentos. A partir del 12 de agosto, fabricantes, transformadores, envasadores, importadores y marcas deberán demostrar que sus envases cumplen la normativa mediante documentación técnica y, cuando sea necesario, con ensayos sobre el producto final.
Según explica Joan Borràs, investigador líder del laboratorio de Food Contact & Packaging de AIMPLAS, "en lo que va de año ya hemos atendido más de 200 consultas relacionadas con el nuevo reglamento y, respecto al año pasado, prácticamente se han duplicado. La mayoría responden a dudas sobre cómo interpretar los nuevos requisitos, qué documentación deben aportar y quién debe acreditar el cumplimiento de la normativa antes de su entrada en aplicación".
Los principales desafíos se concentran en los envases destinados a alimentos grasos, húmedos o preparados para llevar, especialmente aquellos fabricados con papel, cartón, celulosa moldeada, así como los envases multicapa o con recubrimientos funcionales.
Para adaptarse al reglamento, las empresas deberán revisar toda su cadena de suministro, conocer en detalle la composición de los materiales e identificar el origen de las PFAS, ya procedan de recubrimientos, tintas, adhesivos o materias primas. Cuando se detecte su presencia, será necesario buscar materiales alternativos y validar que el nuevo envase mantiene la protección y conservación del alimento.
En algunos casos, sobre todo en envases de papel y cartón, la solución podría pasar por incorporar nuevos recubrimientos barrera de materiales plásticos que permitan cumplir la normativa sin perder funcionalidad.
La adaptación al nuevo reglamento podría traducirse en modificaciones visibles para el consumidor. Algunos envases alimentarios, especialmente los fabricados en papel o cartón, podrían presentar un tacto, acabado o composición diferentes.
Asimismo, podrían introducirse cambios en el espesor, las capas de protección o el formato del envase para garantizar la seguridad alimentaria y mantener la vida útil de los productos.
Estos cambios implican costes asociados a la reformulación de materiales, ensayos y homologación de proveedores, por lo que AIMPLAS no descarta que puedan repercutir en el precio de algunos envases, aunque todavía no es posible cuantificar ese impacto.
"La entrada en aplicación de estos límites no supone únicamente un nuevo requisito analítico. También implica una revisión profunda de materiales, proveedores y diseños de envase, con posibles efectos tanto para la industria como para el consumidor", concluye Joan Borràs.
Los primeros análisis de flúor realizados por AIMPLAS ofrecen, por el momento, resultados positivos, ya que menos del 1 % de las muestras analizadas supera el límite legal establecido.
No obstante, el instituto tecnológico recuerda que cuando un envase presenta determinados resultados es necesario completar el estudio con análisis adicionales antes de confirmar el cumplimiento de la normativa, por lo que considera que aún es pronto para extraer conclusiones definitivas y será necesario esperar hasta finales de año para disponer de una evaluación más completa.
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