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La presencia de sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS) se ha convertido en uno de los principales retos ambientales y analíticos relacionados con la calidad del agua. Su elevada persistencia, movilidad y dificultad de eliminación explican que estos compuestos sean conocidos como los “químicos eternos”, ocupando cada vez un papel más relevante en la regulación europea y nacional.
Ante este escenario, Laboratorios Tecnológicos de Levante advierte de la necesidad de reforzar el control analítico de estos contaminantes emergentes para garantizar una vigilancia eficaz de las aguas de consumo, aguas superficiales, aguas subterráneas y aguas regeneradas.
La actualidad ha vuelto a situar el foco sobre el ácido trifluoroacético (TFA), un compuesto de cadena ultracorta perteneciente al grupo de los PFAS. Informes recientes de la Red de Acción en Plaguicidas de Europa (PAN Europe) han alertado de su presencia en ríos, acuíferos y otras masas de agua europeas, así como del posible papel que determinados pesticidas con PFAS podrían desempeñar como fuente de contaminación.
Ante esta situación, Laboratorios Tecnológicos de Levante subraya la importancia de reforzar el control analítico de los contaminantes emergentes en el agua, especialmente en un contexto en el que la normativa avanza hacia sistemas de vigilancia más exigentes, preventivos y adaptados a nuevas sustancias de interés ambiental y sanitario.
“Los PFAS y el TFA muestran cómo la gestión del agua necesita incorporar nuevas capacidades analíticas. No se trata únicamente de cumplir una norma, sino de disponer de datos fiables para anticipar riesgos, tomar decisiones técnicas y proteger los recursos hídricos”, señalan desde el laboratorio.
La preocupación por los PFAS ya se ha trasladado al ámbito legislativo. En materia de agua de consumo humano, la Directiva (UE) 2020/2184 incorporó límites específicos para estos compuestos, posteriormente recogidos en España a través del Real Decreto 3/2023, que establece los criterios técnico-sanitarios de la calidad del agua de consumo, su control y suministro.
Este marco normativo contempla el parámetro ∑20 PFAS, con un valor paramétrico de 0,10 µg/L, y fija un calendario para su control y cumplimiento por parte de los operadores. Esto supone un cambio importante para el sector, ya que la vigilancia del agua no puede limitarse únicamente a los parámetros tradicionales, sino que debe adaptarse a contaminantes emergentes que requieren métodos analíticos específicos, alta sensibilidad técnica e interpretación rigurosa de los resultados.
A esta evolución se suma la Directiva (UE) 2026/805, que modifica el marco europeo de protección de aguas superficiales y aguas subterráneas, incorporando nuevas sustancias y grupos de contaminantes, entre ellos determinados PFAS. Esta actualización refuerza la necesidad de controlar con mayor precisión el estado químico de las masas de agua y adaptar la vigilancia ambiental a compuestos de elevada persistencia.
Por su parte, el Real Decreto 1085/2024, que aprueba el Reglamento de reutilización del agua, consolida un enfoque basado en la gestión del riesgo para las aguas regeneradas. Aunque no se trata de una norma específica sobre PFAS, sí refuerza una idea fundamental: la reutilización exige conocer con precisión la calidad del recurso, evaluar los riesgos asociados a cada uso y establecer controles adecuados para proteger la salud humana, el medio ambiente y la sanidad animal.
El TFA plantea además un desafío específico para la vigilancia del agua. Su elevada solubilidad y movilidad favorecen su desplazamiento a través del suelo y su llegada a aguas superficiales y aguas subterráneas. Además, su persistencia dificulta su eliminación mediante tratamientos convencionales, incrementando la necesidad de detección, seguimiento e interpretación técnica de los resultados obtenidos.
Por ello, el control del agua no puede limitarse únicamente al punto final, sino que debe considerar el origen de la contaminación, las vías de entrada al medio y la evolución de los contaminantes a lo largo de todo el ciclo del agua. Esta visión resulta especialmente importante cuando se trabaja con sustancias persistentes, móviles y de difícil eliminación como determinados PFAS y el propio TFA.
Esta realidad afecta directamente a administraciones públicas, operadores de abastecimiento, industrias, comunidades de regantes, gestores de aguas regeneradas y entidades responsables de vertidos o masas de agua. Para todos ellos, el control analítico deja de ser un simple requisito para convertirse en una herramienta estratégica de prevención, cumplimiento normativo y toma de decisiones.
La detección de PFAS, TFA y otros contaminantes emergentes exige metodologías específicas, sensibilidad analítica, trazabilidad en la toma de muestras, estrictos controles de calidad e interpretación especializada de los resultados.
En este ámbito, Laboratorios Tecnológicos de Levante trabaja con empresas, industrias y administraciones en el análisis y monitorización de diferentes tipos de agua, incluyendo aguas de consumo humano, aguas industriales, aguas residuales, vertidos, aguas superficiales, aguas subterráneas, aguas regeneradas y aguas vinculadas a usos agrícolas o ambientales.
Desde su experiencia en el análisis de aguas, el laboratorio acompaña a sus clientes en la definición de planes de control, la evaluación de parámetros analíticos y la interpretación de resultados, con el objetivo de transformar los datos obtenidos en criterios técnicos útiles para la gestión.
Este enfoque permite a administraciones, operadores e industrias anticiparse a posibles incidencias, reforzar sus sistemas de vigilancia, adaptar sus controles a los nuevos requisitos normativos y contar con información fiable para justificar decisiones técnicas.
La evolución de la normativa europea y nacional apunta hacia un modelo de control cada vez más preventivo, preciso y orientado a los contaminantes emergentes. Anticiparse a este escenario resulta fundamental para reducir riesgos, planificar actuaciones y reforzar la confianza en la calidad del agua.
Para Laboratorios Tecnológicos de Levante, los PFAS y el TFA representan un ejemplo claro de cómo los laboratorios deben evolucionar al mismo ritmo que los nuevos desafíos ambientales. “La calidad del agua ya no puede evaluarse únicamente desde los parámetros tradicionales. La gestión actual exige incorporar contaminantes emergentes, interpretar su impacto y acompañar técnicamente a quienes tienen que decidir”, concluyen desde el laboratorio.
Para administraciones, operadores, industrias y entidades responsables de la gestión del agua, contar con un laboratorio especializado permite anticiparse a los cambios normativos, reforzar los planes de vigilancia y tomar decisiones con mayor seguridad técnica. Laboratorios Tecnológicos de Levante acompaña a sus clientes en ese proceso, aportando análisis, trazabilidad e interpretación experta para adaptar el control del agua a las nuevas exigencias ambientales y regulatorias.
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