El estudio, basado en una encuesta a 3.500 minoristas y responsables logísticos, pone de manifiesto que el problema no solo tiene una dimensión ambiental, sino también un fuerte impacto económico que afecta directamente a la rentabilidad del sector.
Fallos en la cadena de suministro y falta de visibilidad
Uno de los principales factores detrás del aumento del desperdicio de alimentos es la falta de previsión en la cadena de suministro. El 61% de las empresas reconoce no tener una visión completa de dónde se producen las pérdidas, lo que dificulta la toma de decisiones eficaces.
El transporte se mantiene como uno de los grandes puntos ciegos: el 56% de las compañías admite desconocer cuánto producto se pierde durante esta fase, lo que evidencia la necesidad de mejorar la trazabilidad y el control logístico.
A estos problemas se suma la gestión ineficiente del inventario y el sobrestock, señalados por el 51% de los responsables del sector como factores clave en la generación de residuos. La falta de herramientas para ajustar la oferta a la demanda en tiempo real agrava aún más la situación.
Productos perecederos, los más afectados
El informe identifica las categorías con mayor riesgo de pérdida dentro del retail alimentario. La carne encabeza la lista, mencionada por el 50% de los encuestados, seguida de frutas y verduras (45%) y productos de panadería (28%).
En el caso de la carne, su alto valor económico hace que incluso pequeñas pérdidas tengan un impacto significativo en los márgenes. De hecho, durante periodos de alta demanda como la Navidad, el 67% de las empresas prevé un impacto directo en su rentabilidad por este motivo.
Inflación y cambios en el consumo agravan el problema
El contexto económico actual también está contribuyendo a intensificar el desperdicio alimentario. El 74% de los minoristas afirma que la inflación dificulta prever la demanda, especialmente en productos frescos, mientras que el 73% detecta cambios en los hábitos de consumo, como la preferencia por porciones más pequeñas.
Estos factores generan desajustes en la planificación que terminan traduciéndose en mayores niveles de desperdicio a lo largo de la cadena.
Un reto global con impacto a largo plazo
Si no se corrige la tendencia actual, el coste acumulado del desperdicio de alimentos podría alcanzar los 3,4 billones de dólares entre 2025 y 2030, coincidiendo con el horizonte fijado por Naciones Unidas para reducir a la mitad este problema a nivel global.
Más allá de su impacto económico, el desperdicio también tiene implicaciones directas en la sostenibilidad, el uso de recursos y la seguridad alimentaria.
De problema ambiental a oportunidad de negocio
El informe concluye que abordar el desperdicio alimentario requiere una combinación de innovación tecnológica, digitalización y colaboración entre actores de la cadena de suministro.
En este sentido, el 73% de los líderes empresariales considera que reducir el desperdicio no solo es una cuestión ambiental, sino también una oportunidad estratégica para mejorar la eficiencia y generar valor.
La mejora de la visibilidad, el uso de tecnologías inteligentes y una gestión más precisa de la demanda se perfilan como claves para transformar un problema estructural en una palanca de competitividad para el sector alimentario.