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El futuro del agua en España dependerá menos de nuevas infraestructuras o avances tecnológicos y más de cómo se gestione el sistema hídrico y se gobierne la demanda, según concluye el informe Spanish Water Industry 2050: Where it stands and where it is headed, elaborado por la firma global de desarrollo sostenible Arup.
El estudio advierte de que el modelo actual presenta importantes debilidades estructurales que condicionarán la evolución del sector en las próximas décadas, en un contexto de creciente estrés hídrico, presión climática y mayor competencia por los recursos.
España no dispone de un mercado único del agua, sino de un sistema profundamente fragmentado compuesto por más de 2.500 redes locales y regionales, con estructuras tarifarias heterogéneas y modelos de gobernanza muy atomizados.
Según el informe, esta dispersión provoca que los precios no reflejen siempre la escasez real del recurso, lo que distorsiona las señales de inversión y dificulta la planificación a largo plazo. Las decisiones, además, están condicionadas tanto por factores institucionales y políticos como por criterios económicos.
El análisis identifica varias tensiones que ya afectan al funcionamiento del sector. Entre ellas destaca un déficit estructural de inversión superior a los 5.000 millones de euros anuales en el ciclo urbano del agua.
Actualmente, la inversión ronda los 1.200 millones de euros al año, muy por debajo de los aproximadamente 6.200 millones necesarios para garantizar la sostenibilidad del sistema.
A esta brecha se suma una red de infraestructuras envejecida, con instalaciones que en muchos casos superan los 30 años de antigüedad. Como consecuencia, alrededor del 25% del agua suministrada se pierde por fugas y deterioro. Al ritmo actual, la renovación completa de las redes podría tardar hasta 400 años.
España se encuentra además entre los países europeos con mayor presión sobre el agua. El informe señala que el país utiliza aproximadamente el 43% de sus recursos hídricos renovables disponibles.
Del total de agua consumida, cerca del 82% se destina a la agricultura, mientras que la presión estacional derivada del turismo intensifica el consumo en determinadas zonas. Desde el año 2000, el número de establecimientos turísticos ha crecido más de un 300% y en algunos municipios la población puede triplicarse durante el verano.
A pesar de estos desafíos, España parte de una posición relevante en algunos ámbitos tecnológicos. Es líder europeo en reutilización de agua, con cerca de 400 hm³ reutilizados cada año, y se sitúa entre los principales países del mundo en capacidad de desalación, con más de 770 plantas instaladas.
Además, la digitalización del ciclo urbano del agua avanza mediante telelectura, sensórica, inteligencia artificial y sistemas de detección de fugas. Sin embargo, el informe advierte de que el impacto de estas soluciones dependerá de su integración en un marco de gobernanza más eficiente.
“Dada la fragmentación y el déficit de inversión del mercado hídrico español, el éxito estará en integrar soluciones digitales que mejoren el rendimiento de forma inmediata”, explica José Luis López Oliete, Business & Investor Advisory Leader en España.
El estudio plantea cuatro escenarios plausibles para el sector hídrico español en 2050, en función del grado de innovación en la gobernanza y de la evolución de la demanda.
El escenario de “Estabilidad Inteligente” plantea un futuro en el que la innovación institucional y la reducción sostenida de la demanda permitirían desacoplar el consumo de agua del crecimiento económico y reforzar la resiliencia del sistema.
En “Transparente, pero con alta demanda”, los avances en transparencia no serían suficientes para frenar el consumo, manteniendo la presión estructural sobre el sistema.
El escenario “Impulso digital” describe un contexto en el que la tecnología, impulsada principalmente por el sector privado, logra reducir la demanda sin una transformación profunda de la gobernanza.
Por último, “Inercia hídrica” dibuja un escenario menos favorable, en el que la falta de reformas estructurales y el aumento de costes generarían mayores tensiones sociales y financieras.
El informe concluye que el futuro hídrico de España no está predeterminado. Las decisiones que se adopten hoy en materia de regulación, planificación territorial, transparencia tarifaria y coordinación institucional serán clave para definir la evolución del sistema en las próximas décadas.
“Nuestro análisis demuestra que el futuro no está predeterminado. Las pequeñas decisiones que tomemos a lo largo del tiempo tendrán el poder suficiente para cambiar por completo el destino del sistema hídrico de España”, señala Olivier Woeffray, Foresight Leader en Europa.
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