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Ángela Sainz Arnau, Directora de Comunicación de European Biogas Association (EBA)
La crisis energética y la dependencia europea de los combustibles fósiles importados han cambiado la conversación energética. En pocos años, el biometano ha pasado de ocupar un espacio relativamente especializado a formar parte de las alternativas que Europa considera estratégicas para reforzar su autonomía energética y avanzar en la desfosilización. Pero reducir el biometano a una alternativa al gas natural sería quedarse corto. Su verdadero valor está también en lo que ocurre alrededor de la producción energética: residuos que se valorizan, nutrientes que regresan al suelo, CO₂ biogénico que puede encontrar nuevos usos y actividad económica que permanece en los territorios.
La electrificación será esencial para alcanzar la neutralidad climática, pero no puede resolver por sí sola todas las necesidades energéticas. La electricidad representa actualmente alrededor del 24 % del consumo final de energía de la UE, mientras que sectores industriales, el transporte pesado o determinadas aplicaciones de alta temperatura seguirán necesitando soluciones basadas en moléculas.
En este escenario, el biometano puede ocupar un espacio complementario. No se trata de contraponer electrones y moléculas, sino de utilizarlos allí donde cada uno resulte más eficiente. Además, los gases renovables pueden aprovechar infraestructuras existentes, aportar flexibilidad al sistema y reforzar su resiliencia.
Esta visión está ganando apoyo entre sectores industriales y del transporte. La Joint Biomethane Declaration, respaldada por empresas de diferentes ámbitos, reclama acelerar el desarrollo del biometano como instrumento para reforzar la competitividad europea, la seguridad energética y la desfosilización.
La política energética posterior a 2030 tendrá que incorporar esta complementariedad si Europa quiere utilizar de manera eficiente todas las herramientas disponibles.
El desarrollo del mercado europeo ofrece señales claras de crecimiento, aunque todavía concentrado en unos pocos países. Desde finales de 2022, la Comisión Europea ha animado a los Estados miembros a establecer objetivos específicos de biogás y biometano dentro de sus Planes Nacionales Integrados de Energía y Clima. La suma de las previsiones nacionales apunta actualmente a unos 26 bcm anuales de producción de biogás y biometano en 2030.
La evolución de la capacidad instalada también refleja este crecimiento, aunque podría ser más rápido. Los últimos datos, publicados el pasado mes de julio, sitúan en aproximadamente 1.975 las plantas de biometano operativas en Europa, con una capacidad conjunta de 8,2 bcm anuales. En un año se ha añadido más de 1 bcm de capacidad. Si se considera conjuntamente biogás y biometano, el EBA Statistical Report correspondiente a 2024 cifra la producción europea en alrededor de 22 bcm anuales.
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